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29 de junio de 2018
30 de abril de 2018
Conversaciones con Haile, el otro (7)
Cuando Haile despertó era de noche y había luna llena.
Había bebido tanto posh que le costaba trabajo recordar cómo terminó acostado
debajo de una banca en la calle. Tenía todas sus cosas: dinero, teléfono,
mochila, drogas. Y revisando su teléfono comenzó a recordar. “No me he olvidado
de ti”, decía un mensaje. “Te amo, adiós”, decía otro. “Amor, te extraño”,
decía uno más.
-Una de las cosas que te motivaba a escribir ha dejado
de cautivarte –espetó Haile, el otro, mientras le estiraba la mano para
ayudarlo a pararse-. Ahora con la distancia, ¿sabes qué pasó?
-No sé. Y no sé si haya dejado de cautivarme… No sé
por qué ni de qué estaba totalmente cautivado. Pero ya no lo siento. Y, ¿sabes?
Quiero sentirlo otra vez. Porque me siento vacío, no sin propósito, más bien
cómo si necesitase estar cautivado por algo o por alguien para andar esplendido
en la vida.
- ¿No estás enamorado? –cuando Haile, el otro, hizo
esa pregunta, Haile buscó en su mochila la mota.
Se forjó un
porro en silencio, para nada nervioso.
-Hace unos meses que terminé de una vez por todas con “la
mujer”, porque hasta ahora sólo ha habido una mujer –comenzó a decir Haile
mientras se prendía el toque-. Recuerdo muy bien cuando estaba perdidamente
enamorado de ella, no hacía más que imaginarme una vida a su lado. Pero al cabo
del tiempo el momento clásico de la relación pasó y comenzó su declive en
agresiones hasta culminar en violencia, no sin antes pasar por la locura que
mal soporte durante mucho tiempo. En su momento clásico andaba esplendido, nada
me faltaba y quería todo.
-Qué bueno que te alejaste de ella –dijo Haile, el
otro, cuando Haile le pasó el porro-. Ahora, cuéntame de Ariadna. Ya no intentas
nada, ni verla en persona ni hablar con ella…
-No –interrumpió Haile-. Ella es la representación de
esta cosa extraña que necesito otra vez. Cuando estaba cautivado, ¿era por
ella? Creo que no, porque ni si quiera la conocía. ¿Cómo puedo estar enamorado
de lo que no conozco? Ella me pareció hermosa desde la primera vez que la vi y
me motivó para un montón de cosas. Pero ahora no entiendo por qué no me cautiva
más. Creo -y esto puedo decirlo gracias a la distancia, querido amigo- que no
era tanto ella, sino mis deseos de una mujer compañera perfecta que me apoyara
en todo, le gustara todo y fuera todo. Estaba buscando eso con tanto ímpetu que
lo proyecté en una chica, pero jamás lo encontré. Es, pues, “la mujer
imaginaria”, como los versos del poeta.
-Entonces, permíteme el atrevimiento de llamar a esto “amor”
–comenzó a decir Haile, el otro-. La plenitud, el goce, la inspiración. Pero, ¡¿por
qué has dejado de escribir, de participar, de querer?! –preguntaba subiendo el
tono de su voz-. Has abandonado la filosofía, has abandonado la pasión
intelectual, los debates, la provocación. ¿Por qué? ¿Qué eres ahora?
-No cumplo expectativas, no hay nada de raro en eso.
No cumplo ni las expectativas que tengo de mí mismo. Ya no sé quién soy, ni qué
quiero.
-Estás enamorado? –preguntó Haile, el otro-.
-También la extraño, amigo. Pero me falta mucho, en
verdad mucho, para ser pleno. ¿Por qué?
-Porque has cambiado mucho. Yo mismo casi no te
reconozco. Conócete bien, otra vez, para componer tu camino y volverte a
enamorar como en los viejos tiempos. Creo sentir tu corazón, querido amigo, y
todavía no te das cuenta de lo que ahora eres. No tengas miedo, que para
conocerte debes seguir viviendo.
hailecontubernio@gmail.com14 de septiembre de 2016
Conversaciones con Haile, el otro (6)
Haile se despertó en la noche. Había pasado casi todo el
día vagando por las calles que caminó en su infancia. Pudo ver a viejos amigos
que estuvieron con él en la escuela y visitó los lugares en los que jugaba.
Pero lejos de saludar a alguno pasó rápido para que nadie le hablara. De
regreso a su casa Haile sentía asco. Se dedicó a buscar en Facebook información
sobre sus viejos amigos y tuvo sentimientos encontrados. Por un lado, Haile
sonreía al ver sus rostros después de siete largos años, y aunque primero creyó
que era felicidad, notó enseguida que sonreía por burla. Luego Haile se dio
cuenta que entre ellos mantienen comunicación y que son buenos amigos. Tratando
de recordar por qué se habían olvidado de él -o tal vez él de ellos- se quedó
dormido. Ya despierto y sentado en una memorable banca de un parque oscuro,
fumando de su pipa, imaginando la continuación de cierta conversación que
sostuvo hace un año en la misma banca que ahora observa con melancolía, Haile
pensó: “No se trata de misantropía, pues soy incapaz de sentir odio, se trata
de asco. Me resultan repugnantes sus vidas”.
-Es interesante que pienses así –espetó Haile, el otro, que
sentado a su lado miraba la memorable banca como si de un ser querido se
tratara-. Si ellos no hubieran sido cercanos a ti, te habrías dedicado a
pensarlos y no a sentirlos. No habrías hecho juicio alguno que contradijera no
sólo tus estudios, sino también todo lo que has aprendido.
-Tienes razón. En la medida que algún día fueron cercanos a
mí, primero los siento, luego los pienso. Acontece algo semejante con la
religión. Las religiones lejanas a mi cultura intentó pensarlas y entenderlas,
mientras que las cercanas, como el cristianismo, primero las rechazo con una
mueca de desagrado y luego las pienso.
-A propósito, querido amigo, ¿crees en Dios?
-Bueno, la posición más prudente con respecto a Dios es un
sincero no sé. No sé, primero, como significar la palabra, por lo tanto, no sé
cómo pensarla. Astutamente algunos quieren significar a Dios de muchas maneras;
si la palabra es polisémica todo es más complicado. Por ejemplo, a veces dicen
que Dios está en todo, y yo admiro esa forma de proceder mediante la metáfora,
aunque se pueden decir muchas sutilezas. Sin embargo, no me gusta la palabra
Dios ni todo lo asociado a ella. Prefiero usar otras palabras para asuntos
metafísicos, pues “Dios” es poco útil. Es una palabra que a veces se usa con
trampa, pues llaman Dios a esa cosa que no podemos nombrar. No necesito a
ningún Dios ni me interesa “tener relación” con eso. Puedo ser más radical con
los dioses de las religiones. Todos ellos me tienen sin cuidado, los rechazo, y
jamás haría ritual alguno para ellos –de manera, digamos, verdadera o sincera,
aunque pueda resultar limitante en ciertos estudios de orden místico-.
-Dime, Haile, ¿por qué te resultan repugnantes tus viejos
amigos? –comenzó a decir Haile, el otro-. Creo saber lo que pensarías de ellos
si no hubieran sido cercanos a ti.
Haile sonrió.
Los adivinos le parecen muy graciosos. Entre risas, dijo:
-Si tú no eres yo, ¿cómo puedes saber lo que pienso?
-Y si tú no eres yo –dijo Haile, el otro-, ¿cómo puedes
saber que no sé lo que tú piensas?
-Si yo, no siendo tú, no puedo saber que tú sabes lo que
pienso –dijo Haile, recordando un viejo dialogo chino-, se deduce de ese mismo
hecho que tú, no siendo yo, no puedes saber lo que pienso.
-Tal vez no pueda saber lo que piensas pensando –repuso
Haile, el otro-, pero lo sé porque siento lo mismo que tú.
- ¡Ah! –exclamó Haile-. Si sientes lo mismo que yo, ¿por
qué me preguntas por qué me resultan repugnantes?
- Porque yo siento repugnancia no hacia ellos, sino hacia
ti.
Haile sintió que algo recorría su cuerpo. Se
entristeció y pudo notar que él mismo era repugnante. Levantó la mirada y la
depositó en los ojos de Haile, el otro, durante cinco segundos. Ambos
intercambiaron sonrisas. Finalmente dijo:
-Si yo no fuera cercano a ti, pensarías diferente de mí, en
la medida que eres como yo.
-Ahora que tienes la respuesta, responde mi pregunta –dijo
Haile, el otro-.
-Ocurre con ellos lo que diría de cualesquiera otros. No es
necesario que te explique lo que pienso de ellos, es suficiente con saber un
poco de mí –por ejemplo, que estudio antropología y filosofía- para deducir lo
que podría pensar. No se trata, pues, de lo que pienso, sino de lo que siento.
-No obstante, querido amigo, esas dos cosas parecen estar
relacionadas –espetó Haile, el otro-.
-Sin meternos en ese asunto, me dieron asco mis viejos
amigos. Uno de ellos, mi antiguo y muy querido amigo David, presume tener un
arma de fuego larga. Nunca tuvo una vida fácil, pero sólo estudió hasta la
secundaria y -si la información es verdadera- estuvo en prisión al menos un par
de semanas. Sus características físicas y sociales nuevas son propias de la
cultura a la que se adscribe: cejas depiladas y delineadas, cabello corto –o
nulo- en los lados de la cabeza y poco cabello desde la testa a la nuca; es
fanático de las motonetas y le gustan las fiestas donde se escucha música
reggaetón.
- ¿Eso te provoca asco? –preguntó curioso Haile, el otro-.
-No. Yo rechazo esas cosas, pero no es lo que me provoca
asco. Es más bien la relación entre todas esas cosas y entre los miembros de
esa clase de vida.
Haile guardó
silencio. Pareció haber dado con la palabra clave. De pronto, dejó de tener
sentido describir como era eso que le daba asco y comenzó a reflexionar sobre su
propia vida.
-Sabes ahora lo que provoca asco, ¿no es cierto? –dijo
Haile, el otro, mientras se levantaba de la banca e invitaba a su amigo a
caminar-.
-Lo repugnante es mi propia vida –afirmó Haile con voz
temblorosa, mirando el vasto cielo oscuro-.
-David no es el único con estudios mínimos –comenzó a decir
Haile, el otro-, muchos de tus viejos amigos abandonaron la escuela y se
pusieron a trabajar. Muchos de ellos también tienen hijos, beben y fuman
marihuana todos los viernes y sábados…
- ¡Y son felices! –exclamó Haile-. Éste es justo mi
problema. Parece que su vida es mejor que la mía porque yo no soy feliz. ¿Por
qué mi ex amigo el chukilukii ukiluky
(¿sic?) es más feliz que yo?
-Tú no eres ellos, amigo –dijo Haile, el otro, como
regresándole la objeción del dialogo chino-. No puedes saber si son más felices
que tú. Pero tampoco sabes quién eres, tal vez no terminas de aceptarte, y por
eso no eres feliz.
Haile pensó para
sí mismo: ¿Qué debo hacer? Si todo marcha bien…
-Hay un par de cosas que no marchan bien –interrumpió Haile,
el otro, como leyendo los pensamientos de Haile-. No enunciaré los problemas,
sólo dime qué piensas hacer.
Haile sonrío.
-No puedo, querido amigo. Sería como decirte cómo voy a
vivir.
Twitter: HaileEspino
hailecontubernio@gmail.com
Twitter: HaileEspino
hailecontubernio@gmail.com
12 de mayo de 2016
La mujer que esplende
Pio de Mauleón, escribano de
enamoradas cartas, redactó un ensayo sobre la desgracia en el amor cuyas
primeras palabras elucidan los versos de una poetisa. Ella escribe sobre la muerte que causó la falta de
respuesta a una carta salpicada de lágrimas. Prosiguió con los relatos de la
literatura para ilustrar su experiencia: Fausto y Helena, Dante y Beatriz. Pero
cuando Pio terminó de leer sus páginas un pedazo de vida se le escapó en un
suspiro. Recordó entonces a la mujer.
26 de abril de 2016
24 de marzo de 2016
Conversaciones con Haile, el otro (5)
En un misterioso lugar rodeado de árboles y
césped, agotado de la larga caminata hacia el cielo, Haile se dejó caer de
espaldas sin despegar la mirada de las vastas nubes. Cerró los ojos durante
varios minutos y respiró con placer. Escuchó insectos y aves, reconoció el
aroma de la tierra húmeda, sintió el suave viento en su cara y su corazón
palpitar. Haile pensó que justo en ese momento podía decir que está viviendo.
4 de octubre de 2015
Conversaciones con Haile, el otro (4)
Durante el paseo en calles memorables, viviendo los recuerdos, lloviendo en su vida, Haile pensó: No hay paz en mi espíritu. Me he esforzado en mantener la tranquilidad y siempre algo me angustia, pierdo el orden. He leído y seguido los pensamientos de muchas ilustres mentes; he llevado –aún incluso sin saberlo- a cabo las propuestas de aquéllos y, quizá en virtud de que es un ejercicio espiritual, no he logrado la paz interior. Llega un momento en el día que mi felicidad es interrumpida por la melancolía, dejo entonces de sonreír y bromear para estar en ese extraño estado en el que duele todo el cuerpo.
-Pienso que las ideas que habéis leído y seguido no son para la paz interior, sino para inquietar, por la naturaleza de los problemas de los que se ocupan, vuestro espíritu –espetó Haile, el otro, luego de escuchar el lamento-. Pregunta clásica: ¿es éste el mejor de los mundos posibles?
-Pienso que tienes razón –cedió Haile-. Sin embargo, la finalidad estriba en el cambio de vida hacia la sugerida, pues no todas las ideas son mera abstracción. Ahora, desde luego que no es el mejor mundo posible, pero ese mundo es imaginario ya que vivo en sociedad.
-¿Qué puedes hacer para que tu mundo se acerque al mejor de los posibles? Y no me refiero a las sociedades, sino a tu vida.
-No puedo hacer de la vida poesía…
-A veces la poesía duele como la vida.
Los labios de Haile comenzaron a temblar y Haile, el otro, vio que unas lágrimas brotaban de sus ojos tristes.
-Soy una basura –comenzó a decir Haile, parecía sumergirse en su memoria- Casi no tengo amigos. Quizá sólo tenga dos o tres amigos que no se ocupan de mí. No soy el mejor amigo de nadie. Soy un asco. Durante años he tratado a las personas que me quieren como si yo no las quisiera, como si no amara. ¿Cuántas perdidas por culpa de mi estupidez? ¡No quería hacer daño! ¡Era egoísta! ¡No pensaba en los demás! Siempre me importó más el pensamiento correcto. Volqué toda mi atención a la razón y así viví.
-¿Y ahora? –preguntó Haile, el otro, sabiendo de antemano la respuesta-.
-Este año ha sido el más grande de todos y aún falta para que termine. Este año aprendí la lección más importante de mi vida: lo importante no es el pensamiento correcto, sino la acción correcta.
-¿Tienes presente que la acción correcta va de la mano con el pensamiento correcto?
-Desde luego, pero la primacía del pensamiento sobre la acción correcta conduce a justificar acciones incorrectas.
-Bien dicho –señaló Haile, el otro-. Por cierto, dime Haile ¿qué inquieta vuestro espíritu?
Haile abrió los ojos como platos. Permaneció en silencio unos segundos y comenzó a llorar. Haile, el otro, lo abrazó.
-Me siento terrible. Justo en este momento la vida no es bella. Más que inquietar me duele el espíritu, amigo.
-¿Qué ocurre? –preguntó suave Haile, el otro, sin dejar de abrazarlo.
-Ante la perdida del amor, la idea de la muerte -dijo.
El resto lo conversaron en silencio, como si fuera un secreto.
@HaileEspino
Seguir leyendo Conversaciones con Haile, el otro (4)
-Pienso que las ideas que habéis leído y seguido no son para la paz interior, sino para inquietar, por la naturaleza de los problemas de los que se ocupan, vuestro espíritu –espetó Haile, el otro, luego de escuchar el lamento-. Pregunta clásica: ¿es éste el mejor de los mundos posibles?
-Pienso que tienes razón –cedió Haile-. Sin embargo, la finalidad estriba en el cambio de vida hacia la sugerida, pues no todas las ideas son mera abstracción. Ahora, desde luego que no es el mejor mundo posible, pero ese mundo es imaginario ya que vivo en sociedad.
-¿Qué puedes hacer para que tu mundo se acerque al mejor de los posibles? Y no me refiero a las sociedades, sino a tu vida.
-No puedo hacer de la vida poesía…
-A veces la poesía duele como la vida.
Los labios de Haile comenzaron a temblar y Haile, el otro, vio que unas lágrimas brotaban de sus ojos tristes.
-Soy una basura –comenzó a decir Haile, parecía sumergirse en su memoria- Casi no tengo amigos. Quizá sólo tenga dos o tres amigos que no se ocupan de mí. No soy el mejor amigo de nadie. Soy un asco. Durante años he tratado a las personas que me quieren como si yo no las quisiera, como si no amara. ¿Cuántas perdidas por culpa de mi estupidez? ¡No quería hacer daño! ¡Era egoísta! ¡No pensaba en los demás! Siempre me importó más el pensamiento correcto. Volqué toda mi atención a la razón y así viví.
-¿Y ahora? –preguntó Haile, el otro, sabiendo de antemano la respuesta-.
-Este año ha sido el más grande de todos y aún falta para que termine. Este año aprendí la lección más importante de mi vida: lo importante no es el pensamiento correcto, sino la acción correcta.
-¿Tienes presente que la acción correcta va de la mano con el pensamiento correcto?
-Desde luego, pero la primacía del pensamiento sobre la acción correcta conduce a justificar acciones incorrectas.
-Bien dicho –señaló Haile, el otro-. Por cierto, dime Haile ¿qué inquieta vuestro espíritu?
Haile abrió los ojos como platos. Permaneció en silencio unos segundos y comenzó a llorar. Haile, el otro, lo abrazó.
-Me siento terrible. Justo en este momento la vida no es bella. Más que inquietar me duele el espíritu, amigo.
-¿Qué ocurre? –preguntó suave Haile, el otro, sin dejar de abrazarlo.
-Ante la perdida del amor, la idea de la muerte -dijo.
El resto lo conversaron en silencio, como si fuera un secreto.
@HaileEspino
16 de agosto de 2015
En una noche de tormenta
Nota preliminar:
Cuando hace unos años cambié mi blog de manera radical se perdieron algunos cuentos que había escrito en el año 2012. Éste que presento aquí es uno de ellos. Lo encontré guardado en una vieja carpeta de cierta nube. Feliz de haberlo redescubierto, como superviviente de la muerte es una historia que quiere ser contada. No suelo comentar mis cuentos, pero esta ocasión haré una excepción por dos motivos. El primero tiene que ver con lo que para mi es la naturaleza de la literatura. Mis cuentos representan por medio de símbolos ciertas experiencias de mi vida que, no me pregunten por qué, necesito escribir. La historia no sólo quiere, necesita ser contada. Detrás de la trama de este cuento hay una historia más profunda, dolorosa, melancólica y dramática. La realidad supera a la ficción. Pero la historia narrada, digamos, sin cierta dosis de ficción, exhibe demasiado de mí y no es propio darla a conocer. No rechazo la idea, pero no será así por ahora. Para eso existe mi diario y mi cuaderno de versos. La segunda razón radica en que en este cuento puedo vislumbrar la presencia de Haile, el otro, en mi modesta obra. El contubernio se veía venir. Además, he hecho algunos retoques para que la burla del buen lector no sea devastadora. El texto se conservó como fue escrito en un ochenta porciento. Pienso que no es del todo malo, pero con derecho y quizá de manera evidente se me puede objetar lo contrario.
21 de junio de 2015
Conversaciones con Haile, el otro (3)
En
un lugar oculto de algún cerro misterioso, abrazado por las nubes, pipa en
mano, brazos cruzados, memoria viva, Haile pensó: el destino no existe y el
azar tampoco me trajo hasta aquí. ¿Qué me impulsó llegar hasta la cima de este
cerro sino la voluntad? La combinación de azar y voluntad produce las
situaciones. Las segundas oportunidades, entonces, sólo son posibles en la
medida que se tiende a ciertas circunstancias. Si uno encuentra por segunda
ocasión algo valioso es en parte azaroso y también voluntario, pues se imprimen
energías en cosas que tienden a lo que buscamos. Sin embargo, ¿qué
posibilidades existen de que una situación se produzca –con distintos elementos
y una constante- de la misma forma que hace tres años, hoy día?
-La
estadística sólo sirve para hacer conjeturas. Semejante tipo de análisis
aplicado a asuntos sociales debería ser prohibido –dijo Haile, el otro, recargado
a un costado de un árbol.
-La
situación en la que estamos, si la revisas bien, es tal y como la imaginamos y
contamos hace años, amigo. No la vislumbramos ni planeamos, se presentó. Es
otra oportunidad de hacer lo que no hicimos. ¿Cómo puede ser eso azaroso?
-Poco
falta para decir “gracias a Dios”. Planeaste el acontecimiento. Los elementos
involucrados bien pudieron haber sido otros y, en efecto, sólo hay una
constante. Pero fue tu voluntad lo que tiene las cosas así.
-Pero
si no han hecho nada todavía –espetó Jácome detrás de ellos. Llevas años
prolongando el plan con excusas, rogando comprensión y pidiendo más tiempo.
-Mi
vida ha sido intensa estos últimos años –comenzó a decir Haile, como si
estuviera hablando solo-. Desde luego hay cosas de las que me arrepiento y
otras tantas que me alegra haber vivido. He estudiado pensamiento lucidos, he
conocido personas extraordinarias y visitado lugares maravillosos; he luchado
por justicia y libertad, he vivido con la mayor dignidad posible en un mundo
indigno; he amado y llorado con furia, he escapado y querido sea para siempre…
Recuerdo aquellos ya míticos tiempos hace cuatro años. Empapado de literatura y
mí encuentro con la filosofía y la antropología. Desde entonces pensar el mundo
es el pan de cada día. Recuerdo, por ejemplo, el miedo que tenía por
racionalizar el mundo en cada momento, pues creía que eso le quitaría sabor a
mi vida. Y así parecía ser cuando, entre risas de mis amigos en conversación
mundana, yo pensaba el chiste o el comentario o la razón de ser de cualquier
cosa. ¡Cuánto tiempo viviendo de este modo! ¡Cuántas justificaciones y pérdidas
tuve por este absurdo argumento!
-¡Cuántas! -exclamó Haile, el otro, como dolido de las
palabras de Haile. Y ahora con qué fuerza tenemos presentes las palabras de
Russell: "No hay por qué temer que, por volverse racional, uno vaya a
quitarle el sabor a su vida. Al contrario, dado que el principal aspecto de la
racionalidad es la armonía interior, el hombre que la consigue es más libre en
su contemplación del mundo y en el empleo de sus energías para lograr
propósitos exteriores que el que está perpetuamente estorbado por conflictos
internos". Y es que nuestra estupidez es tal que no pudimos pensar ello
antes.
-Recuerdo
a un Haile siempre feliz por pensar el mundo –dijo Jácome-. Más que conocerlo,
le interesaba pensarlo.
-Tal
es el propósito de la filosofía –dijeron al mismo tiempo Haile, el otro, y
Jácome.
-No
aplazaré más nuestro plan, Jácome. Pero si haré un cambio, pues no es momento
de ser cobarde. Ya no quiero que me ayudes –dijo Haile, con seguridad.
-Es
lo ideal –respondió Jácome.
Haile, el otro, entregó unas cuantas hojas
en las manos de Haile. Éste sacó su celular y se dispuso a mandarle un mensaje.
El viento soplaba con tal intensidad que parecía que los árboles se vendrían
abajo.
-¡Ha
respondido! –exclamo Haile. ¡Dice que no quiere problemas! ¡Mía es la culpa!
-Tranquilo
–dijo Jácome.
-Se
sincero, primero discúlpate –dijo Haile, el otro.
Mientras tanto las nubes se comían el
cerro. Extraños animales merodeaban el área. Cada minuto en espera de respuesta
era eterno. Cauteloso se comunicaba con ella. La escritura limita su lenguaje.
-¡Me
ha dado el número! ¡Me explicaré con ella de viva voz! –exclamó Haile
emocionado.
En ese momento Jácome y Haile, el otro, se
miraron uno al otro con los ojos abiertos como platos. Había llegado la hora.
-Te
has pasado la vida imaginando un momento como éste, basta ya de ser cobarde
–dijo Jácome al ver como Haile temblaba con los ojos vidriosos.
Fue Haile, el otro, quien presionó el
botón de llamada. Y Haile llevó el teléfono a su oído. Pasaron seis segundos de
incertidumbre.
-Bueno
–dijo Ariadna.
Su dulce voz se hizo perpetua.
Su dulce voz se hizo perpetua.
-Ho…Hola,
soy Haile –dije nervioso.
-Hola
–respondió Ariadna.
(...) Haile recordó, con los ojos al borde de las lágrimas, la época en la que conoció a Ariadna.
(...)
-Si
me hubieras seguido hablando, bueno, quién sabe qué hubiera pasado –dijo Ariadna.
Estas palabras devastaron mi espíritu.
-Sí…-
respondí y tragué saliva.
(...)
(...)
Una hora más tarde, entre disculpas,
cierta promesa y confesiones terminó el momento más emocionante de mi vida.
Y regresó la locura.
-Llegó
el momento que soñaste desde la primera vez que la viste –dijo Jácome.
-Pasaron
cuatro años –dijo Haile, el otro.
-Es
un paradigma autentico. ¿Qué pasará ahora con mi vida?
hailecontubernio@gmail.com
25 de mayo de 2015
El gato Sherlock
En
mi casa me dicen Sherlock. Tengo tres hermanos mayores que juegan mucho
conmigo. El mayor se llama Lao-Tsé, es amable y tranquilo; luego está Tigrito,
él es un viajero y dicen que es muy guapo; por último está mi hermano Protesta,
dice que lucha por la libertad y es muy inteligente. A mí me encanta comer,
explorar la noche y poner atención al mundo. Pero lo que más nos gusta en el
mundo es haraganear y dormir.
11 de mayo de 2015
Conversaciones con Haile, el otro (2)
En
la habitación oscura, cómodo en su sillón, Chopin tocando, la imaginación materializándose,
Haile pensó: cualquier estilo de vida que no sea filosófico es aberrante. Cuánta
banalidad en este efímero mundo. Vivo en un breve periodo de tiempo con seres
repugnantes y azarosos en un espacio limitado hasta la obscenidad. La vida de
mis contemporáneos me da lástima. No quiero veros, me provocan náusea.
22 de marzo de 2015
Los encuentros
Alfonso
encontró escrito en un cuaderno que alberga los versos de un poeta menor:
“Llevaría a dos personas al lugar oculto
Una es imaginaria, la otra eres tú”.
15 de marzo de 2015
El discurso de Augusto Castellanos
Cuando
llegó el día todos parecían esperar con ansias sus palabras. Lo que dijo no fue
de ningún modo memorable, pero para él era uno de los momentos más emocionantes
de su vida.
5 de marzo de 2015
Conversaciones con Haile, el otro
Con la cabeza en alto, expulsando el humo de tabaco de su pipa, cómodo en su sillón, Haile pensó: lo que hay que abolir es el trabajo. ¡Cuán felices son aquéllos en cuyas sociedades el trabajo es voluntario! La etnografía nos muestra culturas que…
-Espera un segundo –espetó Haile, el otro, que sentado en la cama leía a Henry Thoreau-. No puedes afirmar la felicidad de otro en un contexto que ignoras. Vuestros significados están sujetos a la cultura, jamás son universales; tal es la premisa antropológica.
10 de diciembre de 2012
Los sueños del sueño
Dormir, según se sabe, es el más secreto de nuestros actos.
~Borges
21 de diciembre de 2011
8 de diciembre de 2011
22 de noviembre de 2011
19 de septiembre de 2011
18 de septiembre de 2011
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