En
la habitación oscura, cómodo en su sillón, Chopin tocando, la imaginación materializándose,
Haile pensó: cualquier estilo de vida que no sea filosófico es aberrante. Cuánta
banalidad en este efímero mundo. Vivo en un breve periodo de tiempo con seres
repugnantes y azarosos en un espacio limitado hasta la obscenidad. La vida de
mis contemporáneos me da lástima. No quiero veros, me provocan náusea.
Haile, el otro, soltó una carcajada
estridente. Comentó:
-El
etnólogo amante de la vida es ahora un pesimista.
Haile,
el otro, miró a Haile como si fuera un extraño en la habitación. Parecía
preocupado. De Chopin había pasado a Johnny Hollow. Canciones selectas, su
memoria reaccionó al estímulo. Cuando Haile viró su mirada hacia el otro, éste
tenía unas hojas en la mano.
-“Con desesperación, Haile” –leyó Haile,
el otro, y una sonrisa de dibujó en su rostro.
Haile apenas pudo contener las lágrimas.
Pasó saliva, sus labios temblaron.
-¿Por
qué no lo intentas? Ha pasado tiempo. Es por momentos casi nulo, pero siempre
estuvo aquí con nosotros. En suma, es
nosotros –dijo Haile, el otro, tranquilo ante la reacción de Haile.
-La
imaginación tiene propiedades asombrosas. Una de ellas es hacer pasar por real
lo imaginario.
-Deja
de decir que sólo es tu imaginación –espeto Haile, el otro. Olvida a las
mujeres que estén en tu camino. Siempre fueron contingentes. No son
importantes.
-Dime,
Haile, ¿qué pasaría si persigo mi deseo y al alcanzarlo resultase ser una
farsa? ¿Aun así hago por él?
-Desde
luego. ¿Por qué tienes miedo? No faltará quien te quiera. Siempre habrá una
mujer dispuesta a pasar el día y la noche contigo. Pero ella, amigo. Ella no te
buscó ni con carta en mano. Si tú no vas por ella, ella no vendrá a ti. Sabe
que es preciosa y, como tú, no faltará quien la quiera. ¿Crees que te va a
estar esperando? Puede tener lo que sea, sólo debe pedirlo. Y aquí estás,
preocupado por lo que tienes ahora. Eres repugnante, me das lástima.
- ¿Entonces
qué hago? ¡Que todo se vaya a la mierda, nadie es indispensable!
¿Pero, si no me acepta?
-Ya
no eres un niño, debes tener la madurez para aceptarlo y continuar con tu vida.
No sé si habrá otra como ella, pero amigo, sexo y una buena compañía jamás te
harán falta.
-Debo
buscar mi felicidad óptima -dijo Haile-. La Mujer parece tener las cosas claras, escribe en el
tomo XX de sus obras completas: “Tu edad no define tu madurez, tus notas no
definen tu inteligencia, los rumores no definen lo que eres”. Luego agrega como
-¡ruego porque así sea!- respondiendo cierta carta: “Naciste para ser una
persona real, no perfecta… Estás aquí para ser tú mismo, no lo que los demás
quieren que seas…”. Pero es en el libro XXV, del tomo XXII de sus obras
completas donde pone el dedo en la llaga -¡mi llaga!-:”No lo pienses… vive,
ríe, ama, perdona, disfruta la vida y sé feliz… Porque el tiempo pasa y las
oportunidades se van”. Si eso no es para mí entonces no es para nadie. No lo
escribió al azar, es mi respuesta.
-Creo
que exageras –dijo divertido Haile, el otro. Pienso que no es necesariamente una respuesta
para ti. Por eso te digo que la busques. Alguien más, otros
diez, también la buscan.
-Sí –dijo
Haile, el otro, interrumpiendo a Haile, como si supiera lo que iba a decir.
-¡Cuánto
parecido al viejo mito! –gritó Haile, el otro.
Haile pensó en Dante y Beatriz. Y al
pensar la poesía de Dante recordó los versos escritos frente a la bahía oscura.
Entonces con los ojos empapados y entrecerrados, recitó: “Al ver a Ariadna surgió la nada”.
Haile caminó bajo la lluvia durante tres
horas. Se detuvo enfrente de cierta casa. Nadie alrededor. Una mujer se asomó
desde la ventana del primer piso. Sonríe, cierra la ventana, recorre las
cortinas. La lluvia cobra fuerza. La sensación de miseria ahonda en su cuerpo.
Por detrás Haile, el otro, lo toma del hombro y lo incita a marcharse.
-Necesitamos
un trago, Haile.
hailecontubernio@gmail.com
0 Comentarios:
Publicar un comentario