25 de mayo de 2015

El gato Sherlock


En mi casa me dicen Sherlock. Tengo tres hermanos mayores que juegan mucho conmigo. El mayor se llama Lao-Tsé, es amable y tranquilo; luego está Tigrito, él es un viajero y dicen que es muy guapo; por último está mi hermano Protesta, dice que lucha por la libertad y es muy inteligente. A mí me encanta comer, explorar la noche y poner atención al mundo. Pero lo que más nos gusta en el mundo es haraganear y dormir.



     A veces vamos todos con nuestro amigo Haile. Es muy bueno, siempre nos tiene comida y deja que durmamos en su cuarto. Lo único que le molesta es que toquemos sus libros. Nos gusta estar con él porque platica con nosotros. Siempre habla de cosas interesantes. Una ocasión nos contó sobre el universo y lo insignificante que somos todos en el tiempo y el espacio, por eso –dándonos un beso en la frente- nos dijo que siempre disfrutáramos de la vida. También nos habló sobre el amor, nos dijo que para explicarse las palabras se quedan cortas. Yo no entendí, no sé leer libros. Pero sin duda su tema favorito es la filosofía, que no sé por qué a veces la llama poesía o antropología.

     El otro día que estaba en su habitación escuché una conversación que mantenía con una persona idéntica a él. Tenían el mismo olor y apariencia, así que en realidad no fue necesario distinguir. Uno leyó algo de unas cuentas hojas que tenía en la mano y cuando el otro escuchó las palabras resbaló una lágrima por su mejilla izquierda. Yo tenía mucho sueño, así que bostecé y me quedé dormido. Soñé que me comía un pez gigantesco y que aprendía a leer los libros de Haile.

     Cuando desperté ya no estaban en el cuarto. Las hojas que habían leído estaban en la cama. Tigrito las estaba examinando.

-¿Qué es, hermano? –pregunté.

-Una declaración de amor escrita con dolor y desesperación –respondió sin mirarme.

-Necesidad desbordante –irrumpió Laó Tsé.

-Una vez Haile me contó que de no haber escrito esa carta habría acabo por suicidarse –reparó en decir Protesta.

-Sin embargo sabemos que le gusta exagerar las cosas. Él toma en serio lo que vale la pena y se ríe de lo demás –aseguró nino, nuestro papá.

-Se ríe de la muerte, no de la carta. Ahora, si Haile se entera que pusieron sus patitas en sus hojas se molestará. Vámonos ya –dijo nina, nuestra mamá.

     Por la noche esperé a que todos durmieran para salir a la calle con mi hermano Protesta. Dice que va a enseñarme cómo es la vida gatuna de verdad, no esa porquería de ser mimado en casa.

-Cuando bajes del árbol siempre debes asegurarte que no haya perros –comenzó a explicar mi hermano-. No te preocupes de los humanos, son inofensivos.

     Y salieron de la casa. 

-¿Hueles eso, hermano? –pregunté.

-Es Haile. 

     Entonces pudimos ver a nuestro amigo caminando. Protesta me sugirió que me regresara a la casa porque lo iba a seguir. Yo renegué porque quería aprender de la vida, como él dijo. Entonces cedió a regañadientes y lo seguimos.

-Alerta, Sherlock, puede suceder cualquier cosa.

     Caminamos cautelosos hasta una gran avenida donde circulaban todavía autos. Cruzamos un puente para llegar del otro lado de la avenida. Para mí eso era otro mundo. Nerviosos seguimos caminando detrás de él. Cada paso podría haber sido el último.

-Si ocurre algo corremos hacía él y nos subimos a su espalda, ¿entendido?

-Sí hermano. Haile nos protegerá.

     Pasamos a un lado de la casa más grande que he visto en mi vida. Color verde en el techo con letras enormes. Derecho, tres calles más, se detuvo frente a una casa. Parecía nervioso, miraba hacia todas direcciones. Una chica pasó delante de él y se metió en la casa. Lo miró extrañada, quizá preocupada. Haile sonrío.

-Esa chica debe ser importante para él –dijo Protesta.

-¿Y por qué no se hablaron? –pregunté obligado.

     Haile vio que estábamos casi a un lado de él.

-Protestas, Sherlock, ¿qué demonios hacen aquí? Vamos a casa –dijo, me tomó en sus brazos y mi hermano subió a su hombro.

     Por la ventana de la casa alguien se asomó.

-Es complejo, Sherlock –dijo Haile, pero nadie sabe por qué. 

hailecontubernio@gmail.com
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