Hace
unos días recibí uno de los mayores elogios de mi vida. La empresa para la que
trabajé me nombró persona non grata por
organizar el movimiento obrero. Mis palabras son incapaces de definir la
experiencia. De haber estado en otro tiempo de nuestra historia se me habría
condenado a muerte. Y habría muerto con dignidad, pues luché por justicia y
libertad. Mi nombre ahora podrá figurar a un lado de Sócrates y Jesús. Desde
luego con menor grado de influencia. Pero soy muy feliz.
Ocurrió que alguna persona nos traicionó.
Entregó la emancipación de los esclavos a cambio de seguir él siendo esclavo.
Porque, es decir, ¿qué puede ser mejor que ser esclavo? Estamos tan poco
acostumbrados a la libertad que cuando la vislumbramos nos asusta. Y no hay
peor cosa para un canalla burgués que ver cómo los trabajadores piensan, se
organizan y actúan para exigir una mejor vida y arrebatar –que no “solicitar”-
nuestra libertad. La traición a la causa es una de las formas de la maldad. El
sindicato establecido que no busca la abolición de la explotación como fin
último y sólo promete durante su vida mejores condiciones laborales a los
trabajadores es una farsa. Es un sindicato entregado a la causa de la
explotación, no de la liberación.
Conmigo fueron despedidos mis amigos
cercanos. De manera personal ofrecí disculpas a una amiga que llevaba
trabajando en ese lugar varios años. Verla llorar me destrozó el alma. Le prometí
que la ayudaría en los procesos legales que en este país son kafkianos. La
represión fue brutal. Es una muestra de qué tan hijo de puta puede llegar a ser
alguien. Por eso debemos luchar en cualquier lugar que estemos. Que nadie,
querido lector, intente pasar por encima de ti. Sé una persona digna. Sé justo
en tus actos. Vive en libertad. Por el momento vivir sin subordinarse es muy
complicado, pero ello no quiere decir que debamos permanecer inertes.
hailecontubernio@gmail.com
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