El rey Marco IV mandó a
preparar el enorme jardín del palacio, donde abundan centenas de especies de
flores y árboles, mandó a preparar también una gran cantidad de comida, a
organizar obras teatrales y a utilizar el palacio mismo para su gran fiesta,
pues su cumpleaños número 30 está muy próximo. Él quería hacer algo muy
especial, por lo que tuvo la amabilidad de invitar a todo el reino de
Neuperlach, con la única condición de que se duchasen y utilizasen sus mejores
prendas. Los súbditos del rey repartieron miles de invitaciones. Desde los
amigos íntimos de Marco IV hasta el campesino más pobre fueron invitados. Todo
el reino estaba emocionado, nunca antes se había hecho una fiesta tan magna
como la que planeaba hacer el actual rey.
Marco IV
miraba desde su balcón el reino. Su habitación se encontraba en lo más alto de
la torre 5. Desde ahí podía ver lo magnífica que era su casa. Se extendían las
10 torres alrededor de la más alta, la del rey. Abajo los hermosos jardines
terminaban de ser arreglados por cientos de jardineros, estatuas de dioses
griegos se alzaban triunfantes entre fuentes y bellos arreglos de flores. Mientras
la noche brillaba con luz propia, los guardias se alistaban para su turno
nocturno y otros tantos se iban a dormir. Los animales permanecían callados
como todo el reino previo a la gran celebración.
El rey bebió del café real
lentamente, sin desviar la mirada de la nada del fondo. En ése instante la
reina entró a la habitación.
-¿Todo bien, cariño? No bajaste
a cenar.
-Karen, necesito que me hagas
un favor.
La reina Karen se acercó a
Marco IV y lo abrazó por detrás. Le besó la oreja.
-Lo que ordene, su majestad.
-Quiero que consigas al borrego
más gordo y sano para mañana.
La reina comenzó a besar su
cuello. Marco IV en realidad no estaba disfrutando, él sabía que pronto iba a
morir. Siente esa corazonada que le dice que el tiempo está a punto de
terminarse.
-Karen… -dijo el rey, dejando
la taza de café sobre el respaldo del balcón-.
La reina bajo su mano derecha
hasta la entrepierna real, y apretó con suavidad el pene de Marco.
-Karen, necesito que consigas
el borrego ahora.
Pero ella hacia caso omiso de
lo que decía el rey. Trató entonces de despojar a Marco IV de sus prendas. Él
por su parte no ponía resistencia, pero le estaba molestando el hecho de no ser
obedecido. Karen lo arrojó a la cama y se quitó el vestido. Dejo al descubierto
sus grandes senos desnudos, y las bragas rojas que llevaba puesta excitaron
mucho a Marco.
-Karen, por favor…
-Tócame, Marco –dijo llevando
la mano del rey a uno de sus senos.
Entonces el rey se levantó con
violencia y se dirigió al balcón. Bebió del café que estaba ya frio.
-El borrego más gordo que
tengamos en el reino –dijo Marco IV con firmeza-. También quiero que me traigan
a la más linda de nuestras prisioneras. Hay una en especial que fue encarcelada
por despertar las más intrínsecas pasiones en los hombres del pueblo, es muy
bella, sáquenla de ahí inmediatamente y denle en mejor banquete, toda la comida
que ella quiera. Consíguele el mejor de nuestros vestidos, quiero que se duche
en agua caliente, y quiero que hoy duerma en una buena cama. Vivirá así toda la semana hasta el día de mi
cumpleaños. No quiero que le digan por qué es tratada de esa manera.
-Marco… ¿con qué objeto?
–preguntó Karen intrigada-
-En mi cumpleaños 30 quiero
cumplir mi más grande fantasía.
-¡Pero un borrego y una
prisionera! ¿Te has vuelto loco?
-No sólo eso. También me enteré
que sobrevivió un maricón de esos que mandé a matar y que se prostituían a las
afueras del reino. Me aseguré yo mismo de dejar a un afortunado vivo. El más
guarro, sucio y obeso maricón. Denle los mismos tratos que la bella prisionera.
-¡Marco de Günter
IV! ¿Qué estás tramando?
-¡Ve
ahora mismo! -gritó el rey- Quiero que lo hagas en el más profundo secreto.
Karen
se vistió de inmediato. Antes de salir de la habitación miró por encima del
hombre al rey, quien le dio una última instrucción. << ¡Mierda! Karen,
diles que me suban más café>>. Se retiró sin decir nada más. Una vez
abajo le ordenó a una criada que le subiera más café al rey. Tomó asiento en
una silla al fondo de un enorme comedor. Cuando un criado se acercó a ver si la
reina necesitaba algo, ésta aprovechó para ordenarle que llamara al encargado
de los animales. Cuando el señor Williams se presentó con la reina, Karen le
ordenó que consiguiera al borrego más gordo y grande que tenían, sin permitir
que Williams preguntase la razón de ello.
-Ah,
Williams. Antes ve con uno de los guardias. Infórmale que necesito hablar
urgentemente con Alessandro.
-Claro,
su majestad.
Alessandro,
líder del ejército de Neuperlach,
se presentó ante la reina.
-El rey quiere que saques de la
prisión a Alicia Nubakov. No hables con ella, sólo preséntate y dile que el rey
tiene un regalo para ella. La llevaras a una de nuestras mejores habitaciones,
le darán de comer lo que ella desee, le facilitarán agua caliente para que se
duche, le conseguirás el mejor de nuestros vestidos y dormirá tranquila en una
buena cama durante una semana. Puede incluso, si es su deseo, ver o visitar a
su familia. Sin embargo, Alessandro, tiene estrictamente prohibido verme e
informarle por qué estamos haciendo esto.
-Claro, mi reina. Pero, ¿a qué
se deben tan magníficos tratos?
-No lo sé, Alessandro. Marco
quiere cumplir un capricho –dijo soltando un suspiro-.
-Ya veo. Ahora mismo la libero.
-Alessandro…
-¿Sí, su majestad?
-¿Es cierto que dejaron escapar
a un homosexual aquella noche?
-Mi reina…
-No me mientas, Alessandro.
-Bueno, mi reina. Fueron
órdenes ultra secretas del rey. Le ruego me disculpe.
-Alessandro, Marco también
quiere que lo liberes y lo traten de igual manera que a Alicia.
-¡Qué! Pero, su majestad, yo…
-dijo mirando fijamente a Karen-
-Estoy igual de sorprendida que
tú. Como te he dicho. El rey quiere cumplir un capricho.
-Claro. Ahora mismo los libero
y ordeno sean tratados como dice. Con su permiso, su majestad.
Karen pensó a subir a hablar
con Marco. Pero prefirió esperar ahí sentada comiendo bocadillos. Pensaba en
qué podía orillar a Marco IV a hacer semejante acción. Liberar a la hermosa
Alicia, que fue encarcelada por ser más pobre y hermosa que yo. Liberar al
único homosexual del reino y tratarlo como si fuese el rey de los países bajos.
Y conseguir al borrego más gordo que exista. ¿Por qué?
Más tarde esa noche, cuando
Karen subió a su habitación para dormir, encontró al rey dormido. Lentamente se
acercó a él. Karen observó que Marco IV sudaba y tenía una gran erección.
En la cárcel del reino,
Alessandro se acercaba hacía el frio calabozo de Alicia. Cuando ella vio a
Alessandro acercarse fingió estar dormida, pues pensaba que venía a violarla.
Ya antes varios guardias intentaron abusar de Alicia, pero ella siempre se
defendía y era cuidada por un grupo de guardias especiales. Marco IV le
prohibió el amor, y por razones desconocidas, además, les prohibió
estrictamente a los guardias que la cuidaban, tocarla o abusar de cualquier
forma de ella. Pero con Alessandro todo era distinto. Él es el jefe del
ejército de Neuperlach, tenía casi tanta autoridad como Marco IV o Karen.
-Alicia –dijo Alessandro-.
Ella fingía dormir.
-¡Alicia Nubakov!
Escuchó que Alessandro buscaba
llaves.
-Estás libre.
Entonces Alicia abrió los ojos
de golpe y se puso de píe.
-¿Libre? –preguntó extrañada-.
-Sí. Tienes derecho de visitar
a tu familia.
-¡Gracias!
-Además de eso, el rey quiere
que vivas un tiempo en el palacio. Te han asignado una habitación muy cómoda
donde podrás ducharte con agua caliente y comer los mejores platillos. Puedes
vestirte con los mejores vestidos. Todos los sirvientes están ahora a tus
órdenes.
-Pero… ¿por qué? ¿Qué fue lo
que hicieron mis padres? Quiero saber.
-Eso, Alicia, es lo único a lo
que no tienes derecho –Alessandro rió, divertido-.
-Vamos, aquí huele horrible.
Podrás darte la ducha de tu vida en tu nueva celda –y rió otra vez-.
Alicia no opuso resistencia.
Cualquier cosa era mejor que estar ahí encerrada, no importaba en lo absoluto
que Alessandro tratara de tenderle una trampa.
Williams consiguió al borrego
más gordo. Se trataba de un macho. Mientras le daba de comer pensó. Se
planteaba graciosas hipótesis del por qué el rey quería al borrego.
Cuando Alessandro dejó a Alicia
en su nueva habitación, volvió a la cárcel. Estaba vez se dirigió a un lugar
todavía más oscuro y mal oliente. Ahí, Ulises dormía. Alessandro entró a un
cuarto grande y oscuro, olía a eses y orina. La única luz existente atravesaba
por una apertura en lo más alto de una pared.
-¿Ulises? –preguntó Alessandro,
temiendo que haya muerto. El olor era insoportable-.
-¡AAAAHHH! No me haga nada, por
favor.
-Tranquilo, marica.
Ulises lloraba. Parecía tener
serios problemas mentales.
-Eres libre –dijo Alessandro-
-¿Qué? ¿En serio? –contestó el
marica-
-Sí. Te llevaré a una
habitación donde podrás ducharte y comer algo bueno por primera vez en dos
años. Puedes ver a tu familia si así lo deseas. Todos los sirvientes tienen la
orden de obedecerte. Así será por una semana completa, hasta el cumpleaños del
rey.
-¡No es cierto! –gritó Ulises-
-Escucha, Ulises –dijo
Alessandro acercándose lentamente hasta él-. Debería haberte matado cuando
podía, pedazo de mierda. Son órdenes del rey que te lleve a una buena
habitación y seas tratado como príncipe –lo levantó del cuello, desenfundó su
espada y la colocó suavemente en el cuello de Ulises-. Debería clavarte esta
espada ahora mismo.
-No me hagas daño, por favor
–dijo Ulises llorando-.
-¡Grandísimo marica! –dijo
Alessandro mientras lo dejaba caer-. ¡Levántate!
-¿Por qué? ¿Por qué de repente
tengo todos esos lujos?
-No tienes derecho a saberlo.
Tampoco podrás ver al rey y la reina, así que no los estés molestando ni
buscando.
Pasó una semana. Alicia y
Ulises pudieron ver a sus familias, a las cuales incluso llevaron a conocer el
palacio. Estaban felices, por un momento llegaron a creer que por fin eran
libres. Sin embargo, ninguno de los dos sabía por qué eran tratados así.
Un día antes del cumpleaños del
rey, todo el reino se preparó para la gran fiesta. La reina Karen cuestionó en
varias ocasiones a Marco IV sobre esas extrañas peticiones, pero siempre
encontraba negativas. Marco llegaba a negarse violentamente para que Karen no
siguiera haciéndole preguntas. Por la noche previa a su cumpleaños, el rey bajó
inesperadamente a ver a Williams. El cuidador se asustó, pues nunca antes en su
vida se imaginó que el rey fuera hasta donde trabajaba, y menos solo.
-Williams –dijo el rey.-
-Su majestad. Qué honor.
-¿Dónde está el borrego?
-Por aquí, majestad. Sígame.
Williams lo condujo hasta el
borrego. Era gordo que te cagas.
-Es hermoso –dijo el rey
acercándose a él-.
Williams sólo observaba.
-Mañana durante la cena quiero
que lo lleves al jardín central. Estará muy bien acompañado.
-Como usted ordene.
-Williams. Déjame sólo un
momento, no quiero que nadie me moleste.
-Por supuesto, majestad –y lo
dejó solo-.
Williams tenía una enorme
curiosidad por saber que hacia el rey con el borrego, pero si no quería perder
su trabajo y entrar al calabozo por el resto de sus días, debía aguantar ahí, en
silencio. Sin embargo no resistió. La curiosidad pudo más. Se acercó lentamente
y se ocultó detrás de un baño que sólo él conocía. Desde ahí pudo ver que el
rey le hablaba cariñosamente el borrego. Williams comenzaba a creer que se
había vuelto completamente loco. Pero no fue hasta que el rey comenzó a meter
sus dedos en el ano del animal, que Williams comprobó sus sospechas. Entonces
el rey Marco IV se quitó los pantalones e intentó penetrar al borrego. El
animal escapó asustado y Williams observaba completamente incrédulo como el rey
lo perseguía sin éxito.
Más tarde aquella noche, Marco
IV ordenó a Alessandro que encerrara a Alicia y Ulises en sus cuartos. Pues
sólo saldrán hasta el acto final.
-Escucha, Alessandro –dijo el
rey, agotado luego de corretear al borrego-. Mañana es el gran día.
-Permítame felicitarlo, mi
señor –Alessandro tomó la mano de Marco e intento besarla. El rey lo apartó
bruscamente-.
-Quiero que mañana lleves a
Alicia y Ulises al jardín central, desnudos. No hagas ninguna pregunta, sólo
hazlo. Enciérralos en sus habitaciones, desnúdalos primero, y golpéalos si es
necesario. Así quiero que estén hasta mañana.
-Su majestad… -dijo Alessandro,
mirando a Marco fijamente-.
-¡Obedece!
La fiesta se llevó acabo con total
normalidad. Todos los habitantes de Neuperlach fueron llegando, y la mayoría de
ellos concentraba su atención en el palacio, pues nunca antes se les había permitido
ver. Se sirvió en diferentes mesas platillos de todo tipo, los niños jugaban en
los jardines al escondite, los sirvientes del rey disfrutaban de un hermoso día
libre. Incluso los presos tenían una fiesta, aprovechando que estaban encerrados
y el rey estaba de buenas, los dejaron convivir en un patio pequeño. El rey
recibió miles de regalos, desde unas simples flores hasta oro. Entonces Marco
IV llamó a Williams y Alessandro.
-Es hora –les dijo el rey-.
-Entiendo –contestó Alessandro.
Williams sólo asintió con la cabeza-.
El líder del ejército de Neuperlach
subió hasta la habitación de Alicia, la encontró dormida y desnuda. Aprovechó para
colocarle unas esposas. Era de madera, la cabeza de Alicia fue puesta cuidadosamente
entre un agujero mientras sus manos hacían lo propio a los costados. Cuando
Alicia se dio cuenta era demasiado tarde, forcejear era en vano. Ya era
sostenida por varios guardias más. Luego Alessandro fue por Ulises. Éste puso
más resistencia, pues se encontraba despierto y llorando. Pero no pudo hacer
nada cuando siete sujetos se fueron contra él.
Williams, por el contrario, no
tuvo mayores problemas. Llevó a el borrego hasta el jardín central tal y como
lo ordenó el rey. En el camino pensaba si Marco IV de verdad sería capaz de…
bueno, hacer eso. En público.
Alessandro se iba acercando al jardín
central, todos los invitados observaban, sorprendidos. Estaban en el centro del
jardín. Marco IV se levantó de su asiento y llamó la atención de los invitados subiéndose
a la mesa en plena comida.
-¡Su atención, reino de Neuperlach!
Hoy, como todos sabrán, cumplo 30 años, treinta años de vivir en esta gloriosa
tierra. Y quiero celebrar como nunca antes ha hecho un rey en el mundo.
-Marco ¿qué rayos estás
haciendo? –dijo Karen, dirigiéndose al rey en voz baja-.
-Ahora, suplicó que todos
pongan atención en las dos personas con esposas y en el bello borrego obseso
que está junto a ellos. No se asusten, ustedes se ven desnudos todos los días.
Pues bien –bajó de la mesa de un salto- están ahí con un propósito.
-¡Marco IV! –exclamó la reina,
levantándose de su asiento- Si me permite…
-No, no te permito –la cayó el
rey-. La hermosa Alicia Nubakov –continuó Marco IV-, Ulises el marica, y este
bellísimo borrego…
Entonces una manada de
rinocerontes salió de la nada y comenzaron a embestir a todos. El mundo se volvió
gris y todo giraba. Las personas comenzaron a desfigurarse en complejas
criaturas verdes. El rey Marco IV corrió hasta la hermosa Alicia y esnifo
rápidamente cocaína a su lado.
Hha yo esperaba algo más cabrón, como que correteara al hombre o a la mujer o que se quisiera echar al borrego.
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