22 de noviembre de 2011

La fantasía del rey Marco IV

El rey Marco IV mandó a preparar el enorme jardín del palacio, donde abundan centenas de especies de flores y árboles, mandó a preparar también una gran cantidad de comida, a organizar obras teatrales y a utilizar el palacio mismo para su gran fiesta, pues su cumpleaños número 30 está muy próximo. Él quería hacer algo muy especial, por lo que tuvo la amabilidad de invitar a todo el reino de Neuperlach, con la única condición de que se duchasen y utilizasen sus mejores prendas. Los súbditos del rey repartieron miles de invitaciones. Desde los amigos íntimos de Marco IV hasta el campesino más pobre fueron invitados. Todo el reino estaba emocionado, nunca antes se había hecho una fiesta tan magna como la que planeaba hacer el actual rey.



Marco IV miraba desde su balcón el reino. Su habitación se encontraba en lo más alto de la torre 5. Desde ahí podía ver lo magnífica que era su casa. Se extendían las 10 torres alrededor de la más alta, la del rey. Abajo los hermosos jardines terminaban de ser arreglados por cientos de jardineros, estatuas de dioses griegos se alzaban triunfantes entre fuentes y bellos arreglos de flores. Mientras la noche brillaba con luz propia, los guardias se alistaban para su turno nocturno y otros tantos se iban a dormir. Los animales permanecían callados como todo el reino previo a la gran celebración.



El rey bebió del café real lentamente, sin desviar la mirada de la nada del fondo. En ése instante la reina entró a la habitación.



-¿Todo bien, cariño? No bajaste a cenar.



-Karen, necesito que me hagas un favor.

La reina Karen se acercó a Marco IV y lo abrazó por detrás. Le besó la oreja.

-Lo que ordene, su majestad.

-Quiero que consigas al borrego más gordo y sano para mañana.

La reina comenzó a besar su cuello. Marco IV en realidad no estaba disfrutando, él sabía que pronto iba a morir. Siente esa corazonada que le dice que el tiempo está a punto de terminarse.

-Karen… -dijo el rey, dejando la taza de café sobre el respaldo del balcón-.

La reina bajo su mano derecha hasta la entrepierna real, y apretó con suavidad el pene de Marco.

-Karen, necesito que consigas el borrego ahora.

Pero ella hacia caso omiso de lo que decía el rey. Trató entonces de despojar a Marco IV de sus prendas. Él por su parte no ponía resistencia, pero le estaba molestando el hecho de no ser obedecido. Karen lo arrojó a la cama y se quitó el vestido. Dejo al descubierto sus grandes senos desnudos, y las bragas rojas que llevaba puesta excitaron mucho a Marco.

-Karen, por favor…

-Tócame, Marco –dijo llevando la mano del rey a uno de sus senos.

Entonces el rey se levantó con violencia y se dirigió al balcón. Bebió del café que estaba ya frio.

-El borrego más gordo que tengamos en el reino –dijo Marco IV con firmeza-. También quiero que me traigan a la más linda de nuestras prisioneras. Hay una en especial que fue encarcelada por despertar las más intrínsecas pasiones en los hombres del pueblo, es muy bella, sáquenla de ahí inmediatamente y denle en mejor banquete, toda la comida que ella quiera. Consíguele el mejor de nuestros vestidos, quiero que se duche en agua caliente, y quiero que hoy duerma en una buena cama.  Vivirá así toda la semana hasta el día de mi cumpleaños. No quiero que le digan por qué es tratada de esa manera.

-Marco… ¿con qué objeto? –preguntó Karen intrigada-

-En mi cumpleaños 30 quiero cumplir mi más grande fantasía.

-¡Pero un borrego y una prisionera! ¿Te has vuelto loco?

-No sólo eso. También me enteré que sobrevivió un maricón de esos que mandé a matar y que se prostituían a las afueras del reino. Me aseguré yo mismo de dejar a un afortunado vivo. El más guarro, sucio y obeso maricón. Denle los mismos tratos que la bella prisionera.

-¡Marco de Günter IV! ¿Qué estás tramando?

-¡Ve ahora mismo! -gritó el rey- Quiero que lo hagas en el más profundo secreto.

Karen se vistió de inmediato. Antes de salir de la habitación miró por encima del hombre al rey, quien le dio una última instrucción. << ¡Mierda! Karen, diles que me suban más café>>. Se retiró sin decir nada más. Una vez abajo le ordenó a una criada que le subiera más café al rey. Tomó asiento en una silla al fondo de un enorme comedor. Cuando un criado se acercó a ver si la reina necesitaba algo, ésta aprovechó para ordenarle que llamara al encargado de los animales. Cuando el señor Williams se presentó con la reina, Karen le ordenó que consiguiera al borrego más gordo y grande que tenían, sin permitir que Williams preguntase la razón de ello.

-Ah, Williams. Antes ve con uno de los guardias. Infórmale que necesito hablar urgentemente con Alessandro.

-Claro, su majestad.

Alessandro, líder del ejército de Neuperlach, se presentó ante la reina.

-El rey quiere que saques de la prisión a Alicia Nubakov. No hables con ella, sólo preséntate y dile que el rey tiene un regalo para ella. La llevaras a una de nuestras mejores habitaciones, le darán de comer lo que ella desee, le facilitarán agua caliente para que se duche, le conseguirás el mejor de nuestros vestidos y dormirá tranquila en una buena cama durante una semana. Puede incluso, si es su deseo, ver o visitar a su familia. Sin embargo, Alessandro, tiene estrictamente prohibido verme e informarle por qué estamos haciendo esto.

-Claro, mi reina. Pero, ¿a qué se deben tan magníficos tratos?

-No lo sé, Alessandro. Marco quiere cumplir un capricho –dijo soltando un suspiro-.

-Ya veo. Ahora mismo la libero.

-Alessandro…

-¿Sí, su majestad?

-¿Es cierto que dejaron escapar a un homosexual aquella noche?

-Mi reina…

-No me mientas, Alessandro.

-Bueno, mi reina. Fueron órdenes ultra secretas del rey. Le ruego me disculpe.

-Alessandro, Marco también quiere que lo liberes y lo traten de igual manera que a Alicia.

-¡Qué! Pero, su majestad, yo… -dijo mirando fijamente a Karen-

-Estoy igual de sorprendida que tú. Como te he dicho. El rey quiere cumplir un capricho.

-Claro. Ahora mismo los libero y ordeno sean tratados como dice. Con su permiso, su majestad.

Karen pensó a subir a hablar con Marco. Pero prefirió esperar ahí sentada comiendo bocadillos. Pensaba en qué podía orillar a Marco IV a hacer semejante acción. Liberar a la hermosa Alicia, que fue encarcelada por ser más pobre y hermosa que yo. Liberar al único homosexual del reino y tratarlo como si fuese el rey de los países bajos. Y conseguir al borrego más gordo que exista. ¿Por qué?

Más tarde esa noche, cuando Karen subió a su habitación para dormir, encontró al rey dormido. Lentamente se acercó a él. Karen observó que Marco IV sudaba y tenía una gran erección.

En la cárcel del reino, Alessandro se acercaba hacía el frio calabozo de Alicia. Cuando ella vio a Alessandro acercarse fingió estar dormida, pues pensaba que venía a violarla. Ya antes varios guardias intentaron abusar de Alicia, pero ella siempre se defendía y era cuidada por un grupo de guardias especiales. Marco IV le prohibió el amor, y por razones desconocidas, además, les prohibió estrictamente a los guardias que la cuidaban, tocarla o abusar de cualquier forma de ella. Pero con Alessandro todo era distinto. Él es el jefe del ejército de Neuperlach, tenía casi tanta autoridad como Marco IV o Karen.

-Alicia –dijo Alessandro-.

Ella fingía dormir.

-¡Alicia Nubakov!

Escuchó que Alessandro buscaba llaves.

-Estás libre.

Entonces Alicia abrió los ojos de golpe y se puso de píe.

-¿Libre? –preguntó extrañada-.

-Sí. Tienes derecho de visitar a tu familia.

-¡Gracias!

-Además de eso, el rey quiere que vivas un tiempo en el palacio. Te han asignado una habitación muy cómoda donde podrás ducharte con agua caliente y comer los mejores platillos. Puedes vestirte con los mejores vestidos. Todos los sirvientes están ahora a tus órdenes.

-Pero… ¿por qué? ¿Qué fue lo que hicieron mis padres? Quiero saber.

-Eso, Alicia, es lo único a lo que no tienes derecho –Alessandro rió, divertido-.

-Vamos, aquí huele horrible. Podrás darte la ducha de tu vida en tu nueva celda –y rió otra vez-.

Alicia no opuso resistencia. Cualquier cosa era mejor que estar ahí encerrada, no importaba en lo absoluto que Alessandro tratara de tenderle una trampa.

Williams consiguió al borrego más gordo. Se trataba de un macho. Mientras le daba de comer pensó. Se planteaba graciosas hipótesis del por qué el rey quería al borrego.

Cuando Alessandro dejó a Alicia en su nueva habitación, volvió a la cárcel. Estaba vez se dirigió a un lugar todavía más oscuro y mal oliente. Ahí, Ulises dormía. Alessandro entró a un cuarto grande y oscuro, olía a eses y orina. La única luz existente atravesaba por una apertura en lo más alto de una pared.

-¿Ulises? –preguntó Alessandro, temiendo que haya muerto. El olor era insoportable-.

-¡AAAAHHH! No me haga nada, por favor.

-Tranquilo, marica.

Ulises lloraba. Parecía tener serios problemas mentales.

-Eres libre –dijo Alessandro-

-¿Qué? ¿En serio? –contestó el marica-

-Sí. Te llevaré a una habitación donde podrás ducharte y comer algo bueno por primera vez en dos años. Puedes ver a tu familia si así lo deseas. Todos los sirvientes tienen la orden de obedecerte. Así será por una semana completa, hasta el cumpleaños del rey.

-¡No es cierto! –gritó Ulises-

-Escucha, Ulises –dijo Alessandro acercándose lentamente hasta él-. Debería haberte matado cuando podía, pedazo de mierda. Son órdenes del rey que te lleve a una buena habitación y seas tratado como príncipe –lo levantó del cuello, desenfundó su espada y la colocó suavemente en el cuello de Ulises-. Debería clavarte esta espada ahora mismo.

-No me hagas daño, por favor –dijo Ulises llorando-.

-¡Grandísimo marica! –dijo Alessandro mientras lo dejaba caer-. ¡Levántate!

-¿Por qué? ¿Por qué de repente tengo todos esos lujos?

-No tienes derecho a saberlo. Tampoco podrás ver al rey y la reina, así que no los estés molestando ni buscando.


Pasó una semana. Alicia y Ulises pudieron ver a sus familias, a las cuales incluso llevaron a conocer el palacio. Estaban felices, por un momento llegaron a creer que por fin eran libres. Sin embargo, ninguno de los dos sabía por qué eran tratados así.

Un día antes del cumpleaños del rey, todo el reino se preparó para la gran fiesta. La reina Karen cuestionó en varias ocasiones a Marco IV sobre esas extrañas peticiones, pero siempre encontraba negativas. Marco llegaba a negarse violentamente para que Karen no siguiera haciéndole preguntas. Por la noche previa a su cumpleaños, el rey bajó inesperadamente a ver a Williams. El cuidador se asustó, pues nunca antes en su vida se imaginó que el rey fuera hasta donde trabajaba, y menos solo.

-Williams –dijo el rey.-

-Su majestad. Qué honor.

-¿Dónde está el borrego?

-Por aquí, majestad. Sígame.

Williams lo condujo hasta el borrego. Era gordo que te cagas.

-Es hermoso –dijo el rey acercándose a él-.

Williams sólo observaba.

-Mañana durante la cena quiero que lo lleves al jardín central. Estará muy bien acompañado.

-Como usted ordene.

-Williams. Déjame sólo un momento, no quiero que nadie me moleste.

-Por supuesto, majestad –y lo dejó solo-.

Williams tenía una enorme curiosidad por saber que hacia el rey con el borrego, pero si no quería perder su trabajo y entrar al calabozo por el resto de sus días, debía aguantar ahí, en silencio. Sin embargo no resistió. La curiosidad pudo más. Se acercó lentamente y se ocultó detrás de un baño que sólo él conocía. Desde ahí pudo ver que el rey le hablaba cariñosamente el borrego. Williams comenzaba a creer que se había vuelto completamente loco. Pero no fue hasta que el rey comenzó a meter sus dedos en el ano del animal, que Williams comprobó sus sospechas. Entonces el rey Marco IV se quitó los pantalones e intentó penetrar al borrego. El animal escapó asustado y Williams observaba completamente incrédulo como el rey lo perseguía sin éxito.

Más tarde aquella noche, Marco IV ordenó a Alessandro que encerrara a Alicia y Ulises en sus cuartos. Pues sólo saldrán hasta el acto final.

-Escucha, Alessandro –dijo el rey, agotado luego de corretear al borrego-. Mañana es el gran día.

-Permítame felicitarlo, mi señor –Alessandro tomó la mano de Marco e intento besarla. El rey lo apartó bruscamente-.

-Quiero que mañana lleves a Alicia y Ulises al jardín central, desnudos. No hagas ninguna pregunta, sólo hazlo. Enciérralos en sus habitaciones, desnúdalos primero, y golpéalos si es necesario. Así quiero que estén hasta mañana.  

-Su majestad… -dijo Alessandro, mirando a Marco fijamente-.

-¡Obedece!

La fiesta se llevó acabo con total normalidad. Todos los habitantes de Neuperlach fueron llegando, y la mayoría de ellos concentraba su atención en el palacio, pues nunca antes se les había permitido ver. Se sirvió en diferentes mesas platillos de todo tipo, los niños jugaban en los jardines al escondite, los sirvientes del rey disfrutaban de un hermoso día libre. Incluso los presos tenían una fiesta, aprovechando que estaban encerrados y el rey estaba de buenas, los dejaron convivir en un patio pequeño. El rey recibió miles de regalos, desde unas simples flores hasta oro. Entonces Marco IV llamó a Williams y Alessandro.

-Es hora –les dijo el rey-.

-Entiendo –contestó Alessandro. Williams sólo asintió con la cabeza-.

El líder del ejército de Neuperlach subió hasta la habitación de Alicia, la encontró dormida y desnuda. Aprovechó para colocarle unas esposas. Era de madera, la cabeza de Alicia fue puesta cuidadosamente entre un agujero mientras sus manos hacían lo propio a los costados. Cuando Alicia se dio cuenta era demasiado tarde, forcejear era en vano. Ya era sostenida por varios guardias más. Luego Alessandro fue por Ulises. Éste puso más resistencia, pues se encontraba despierto y llorando. Pero no pudo hacer nada cuando siete sujetos se fueron contra él.

Williams, por el contrario, no tuvo mayores problemas. Llevó a el borrego hasta el jardín central tal y como lo ordenó el rey. En el camino pensaba si Marco IV de verdad sería capaz de… bueno, hacer eso. En público.

Alessandro se iba acercando al jardín central, todos los invitados observaban, sorprendidos. Estaban en el centro del jardín. Marco IV se levantó de su asiento y llamó la atención de los invitados subiéndose a la mesa en plena comida.

-¡Su atención, reino de Neuperlach! Hoy, como todos sabrán, cumplo 30 años, treinta años de vivir en esta gloriosa tierra. Y quiero celebrar como nunca antes ha hecho un rey en el mundo.

-Marco ¿qué rayos estás haciendo? –dijo Karen, dirigiéndose al rey en voz baja-.

-Ahora, suplicó que todos pongan atención en las dos personas con esposas y en el bello borrego obseso que está junto a ellos. No se asusten, ustedes se ven desnudos todos los días. Pues bien –bajó de la mesa de un salto- están ahí con un propósito.

-¡Marco IV! –exclamó la reina, levantándose de su asiento- Si me permite…

-No, no te permito –la cayó el rey-. La hermosa Alicia Nubakov –continuó Marco IV-, Ulises el marica, y este bellísimo borrego…

Entonces una manada de rinocerontes salió de la nada y comenzaron a embestir a todos. El mundo se volvió gris y todo giraba. Las personas comenzaron a desfigurarse en complejas criaturas verdes. El rey Marco IV corrió hasta la hermosa Alicia y esnifo rápidamente cocaína a su lado.

Fin. 




No es cierto.
mexicorat3d@gmail.com
Compartir en:    Facebook Twitter Google+

1 comentario:

  1. Hha yo esperaba algo más cabrón, como que correteara al hombre o a la mujer o que se quisiera echar al borrego.

    ResponderBorrar