-Ese puto
gringo no me verá la cara. Traidor, pedófilo, hijo de puta –dijo Daniel, y
subió a su auto azotando la puerta-.
Daniel
se dedica a traficar una diversidad de drogas, pero su especialidad es la
cocaína. Se encarga de llevar la droga a la frontera entre México y Estados
Unidos, soborna a la patrulla fronteriza y luego entrega la mercancía a bandas
que la distribuyen por las calles. Así es como se ha ganado la vida desde los
14 años. Nunca tuvo la necesidad de asistir a la escuela, pues ganaba el triple
que los padres de sus amigos. Al menos así era hasta que descubrió, como
siempre sucede en estos negocios, a un traidor. Un gringo llamado Harry no le
ha pagado desde hace ya tres meses, y eso en el narcotráfico es pena de muerte,
traición. No puedes endeudarte durante tanto tiempo. Sin embargo, de lejos lo
peor no es el dinero, sino el hecho de que Harry violó a su sobrina, una
pequeñita de nueve años llamada Janeth, como su hermana. Ella se lo confesó a
su mamá y ésta se lo confesó a Daniel: fue la gota que derramó el vaso.
Aquella
tarde cuando Daniel llegó a casa escuchó unos extraños ruidos que provenían de
su habitación, parecía ser el rechinar de su cama, el mismo ruido que hace cuando
tiene sexo con Natalia su mujer. Se acercó sin hacer ruido y abrió despacio la
puerta. Lo primero que escuchó fueron los gemidos claros de su esposa, luego
más rechinidos. Finalmente pudo ver a un sujeto que estaba arriba Natalia,
dándole. Daniel quedo paralizado cuando visualizo en la oscuridad bañada con
una luz morada a su mejor amigo. Enrique también era un traidor. Salió de la
casa, cuidadoso de no hacer ruido.
Estuvo
meditando mucho tiempo dentro de un Bar, todos
fumadores, apenas se podían ver unos a otros. Alguien llegó y se sentó frente a
él.
-Amigo,
yo puedo ayudarlo –dijo la persona. Daniel no podía verlo por el humo de
cigarro-.
-¿Qué
quiere?
-Yo
nada. ¿Qué quiere usted?
-Váyase
de aquí –contestó Daniel, indiferente-.
Entonces
la persona le acerco por la mesa una pistola. Era plateada y tenía incrustados
algunos diamantes. Daniel la tomó rápido, la observó admirado y luego levantó
la vista. No podía verlo.
-¿Cuándo
quiere por esta belleza? –preguntó pero no recibió respuesta-.
-Ah,
es gratis… -le respondieron con voz baja-
Daniel
despejó el humo que había frente a él, pero sus ojos no se encontraron a nadie.
Todos estaban bebiendo y fumando, lo ignoraban. Sin embargo aún tenía el arma.
Pensó en preguntar quién hablaba con él, pero se arrepintió. <<Es gratis…>>
Pensó.
Daniel
regresó a su casa y encontró a Natalia y Enrique mirando televisión. Sonrió
para sí y fue a saludarlos.
-Hola,
mi amor –dijo Natalia besándolo-.
-¡Daniel!
Te estaba esperando, tienes que acompañarme a cobrar un poco de pasta –agregó Enrique
a la bienvenida-.
-Por supuesto,
hermano. Sólo iré al baño y enseguida vamos.
-Luego
compren algo de cenar, he –dijo Natalia-. Muero de hambre.
En el
baño Daniel inspeccionó el arma, estaba cargada pero sólo tenía tres balas. <<Suficientes>>.
Daniel y Enrique subieron al auto.
-Gracias
por acompañarme, Daniel.
-Por
nada, pero antes de ir por el dinero quiero pasar con alguien.
-¿También
cobrarás?
-Ah,
vaya que voy a cobrar.
Se
estacionó justó delante de la casa de Harry y bajó del carro. Se acercó hasta
la puerta juntó a Enrique. La casa era bastante grande, era obvio que Harry
tendría dinero para pagarle. Le ordenó a Enrique que tocara la puerta. Abrió
una niña como de 10 años. Daniel pensó en secuestrarla pero deshecho inmediatamente
esa idea. Él no es tan enfermo como para hacerle daño a un niño. No podía
vengarse así.
-¿Está
Harry, cielito? –preguntó Daniel- .
-¿De
parte de quién? –contestó la niña, con un claro acento estadounidense-
-De
Daniel.
-Permítame
–dijo y fue a una habitación gritando: ¡Papá, papá!-
-Para
ser la hija de ese pendejo está bien educada –pensó Daniel en voz alta-
-¿De
qué hablas? –preguntó Enrique-
-Nada,
nada…
Harry
salió a los pocos segundos, fumaba un puro y estaba con un abrigo negro.
-¡Daniel,
Enrique! ¡Qué gusto verlos, justo aquí tengo algo para ustedes –dijo Harry con
ese puto acento gringo-
-¡Cállate,
maldito cabrón! –Daniel desenfundó la pistola y disparó directo a su cara-.
Harry
cayó muerto. Enrique estaba tan sorprendido que Daniel tuvo que llevarlo a
empujones al auto. Cuando Daniel aceleró, Enrique por fin reaccionó:
-¡¿Estás
loco?! ¡Pedazo de cabrón! ¿Qué has hecho?
-Ya
está, perdón hermano. No quería meterte en esto, pero no podía hacerlo solo.
-¡No
jodas! –exclamó Enrique, recargando su cabeza en el asiento-.
Cuando
llegaron a casa, Daniel le pidió a Enrique que esperara en el auto.
-Iré
por Natalia y todo nuestro dinero. ¡Emprenderemos una nueva vida!
-¿Qué?
¿Así nada más? ¡Carajo, ya no te conozco, Dani!
Daniel
entró a la casa. Natalia lo abrazó y preguntó que a dónde irían a cenar.
-Natalia,
tenemos que hablar. Siéntate, por favor–dijo Daniel seriamente-.
-Claro,
pero ¿de qué? –preguntó Natalia tomando asiento-
-De
nosotros –dijo Daniel, mirándola a los ojos y tocando el arma con la mano
derecha- Sé que tienes un flirt con Enrique –agregó, seguro-.
-Daniel…
-dijo Natalia, y agachó la cabeza-
En ese
momento Daniel le metió un rodillazo en la cara. Cuando Natalia levantó el
rostro por inercia, Daniel sacó la pistola, metió la misma en la boca de Natalia
y jalo el gatillo.
-Natalia
nos alcanzará más tarde en el aeropuerto –dijo Daniel cuando llegó con Enrique-
-¿Qué
está haciendo?
-Se
está encargando de sacar los papeles más necesarios, buscar nuestro dinero y
organizar algunas cosas. Ya sabes. Nosotros debemos comprar los boletos de
avión.
-Daniel,
te has vuelto totalmente loco. –dijo Enrique-.
-Quizá.
Camino
al aeropuerto Daniel se desvió hacia el bosque.
Enrique aún parecía aturdido,
tanto que no se percató que se habían perdido hasta que Daniel se detuvo
a pedir ayuda.
-¿Cómo
coño puedes perderte ahora? Vales verga, cabrón, vales verga –dijo Enrique-.
-Ya,
no te preocupes.
Enrique
salió del auto y fue a defecar cerca de un árbol. Daniel aprovechó, entre
lamentos, para dispararle la última bala de la pistola en la nuca. Finalmente
Daniel subió al auto, ha arruinado su vida. La policía debe estarlo buscando,
asesino a su esposa y a su mejor amigo. Todo en la misma noche.
Noche,
desde que asesino a Harry ha sido de noche. Daniel condujo a ningún lugar sin poder
ver nada. La luz del auto era absurda para la intensa oscuridad. En el camino,
por la carretera, miro a un anciano parado pidiendo un aventón. No sé detuvo,
siguió de largo y más adelante se encontró con otro anciano pidiendo un
aventón. Le pareció extraño, pero no se detenía. La carretera parecía infinita,
pues no terminaba a pesar de las horas que Daniel llevaba conduciendo.
Adelante,
cuando la oscuridad era todavía más profunda y densa, Daniel visualizó a un anciano
que pedía un aventón. Lo ignoró. Poco a poco había más ancianos, todos un poco
diferentes uno del otro, pero siempre mostrando el dedo pulgar en señal de
ayuda. Antes de que Daniel se diera
cuenta, la carretera se llenó de ancianos. Daniel miró directamente a los ojos
a uno por última vez, éste le sonrió y una bala atravesó su cráneo. El auto de
Daniel se estrelló en un módulo de vigilancia de la policía federal.
Haile, nunca me cansaré de decirlo: Amor como escribes.
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