Cuando
llegó el día todos parecían esperar con ansias sus palabras. Lo que dijo no fue
de ningún modo memorable, pero para él era uno de los momentos más emocionantes
de su vida.
Discurso pronunciado por Augusto
Castellanos con motivo de la instauración del sindicato de trabajadores
promovido por él:
“Queridos
amigos; señor director José Carlos, Germán; señores representantes del estado,
que todo quiere ver, todo quiere saber; distinguidos invitados:
Fue hace dos años que ingresé a la
empresa. Confieso que es el primer trabajo formal que he tenido. Me aceptaron
como trabajador de medio tiempo, pues asisto gustoso a la universidad y,
además, por razones de orden ideológico no trabajaría yo todo el día, casi
todos los días, casi toda mi vida.
Provengo de una familia cuya cabeza se
preparó para la política y ostenta cargos públicos para el estado. Sin embargo
es una historia de lucha, como es toda la historia de nuestra sociedad según un
ilustre filósofo. Provengo también, sin duda, de una educación en su mayoría
autodidácta; y hasta este instante en la universidad, de naturaleza revolucionaria.
Es mi padre el que, como muchos otros,
suele pronunciar durante cálidos debates románticos discursos sobre la
propiedad privada y el trabajo. Fue entonces muy gracioso ver el rostro de él
cuando descubrió en mí no a un amigo, sino a un opositor ideológico. Pongan
atención, queridos amigos: la primera lucha se da en el lenguaje, si no tenemos
la capacidad para enunciar el mundo otros impondrán su realidad sobre él.
El trabajo como lo reconocemos hoy parece
haber cambiado mucho desde que apareció en las sociedades occidentales hace
cuatro siglos, apenas después de la instauración de lo que luego se conocería
como capitalismo. En ese entonces la diferencia entre esclavitud y trabajo no
estaba muy clara. Quizá si pensamos dicha oposición ahora mismo, si somos
rigurosos, la diferencia sea también complicada. Distinguidos pensadores se
ocuparon del tema en su tiempo, basta revisarlos para darnos una idea de la
situación. Charles Dickens escribió Tiempos
Difíciles, Adam Smith La riqueza de
las naciones, Max Weber Economía y
sociedad, Carl Marx El manifiesto del
partido comunista luego de su ardua Crítica
de la economía política. Excede el propósito de mi discurso un análisis histórico
de la idea de trabajo. Sin embargo puedo afirmar, valiente ante las objeciones,
que el trabajo subordinado ha sido siempre una forma de esclavitud.
En este tipo de sociedades hay dos
opciones para las personas cuyas vidas fueron arrebatadas por el modo de
organización y producción: trabajas o mueres. Estas personas son los obreros.
Son ellos los que en ritual de sacrificio mantienen familias y hacen funcionar
nuestra civilización. Pero jamás son bien recompensados. El esclavo de la antigüedad
–justo como el de ahora- hacía de la
vida del amo una vida digna, de la cual pudiera él aprovechar su libertad,
tomar el tiempo para la familia y amigos; mientras que al esclavo se le daba
sólo algo para comer, un lugar donde dormir y un poco de descanso. Se le obliga
al siguiente día comenzar de nuevo, pues la riqueza no se genera sola. La
rutina está establecida. Tarda una hora en llegar al lugar de trabajo, apenas
puede ver como su esposa e hijos abren sus ojos. Una vez ahí, genera riqueza
bajo vigilancia y castigo. El amo, o quizá la ambición de la vida del amo, convenció
a unos esclavos de supervisar la esclavitud. En suma, hay esclavos que desean
ser amos, no libres. El obrero de hoy no es muy distinto. Su vida está bajo una
rutina radical. De lunes a domingo sabe lo que tiene que hacer, mientras piensa
e imagina lo que quiere hacer con melancolía y recelo. Cuando termina cada día
lleva a casa el dinero suficiente para comer él y su familia, para disfrutar de
un montón de bienes y servicios, y vivir felices un ratito. Debe ir a trabajar
casi toda la vida para vivir por momentos fugaces. No hay tiempo para la
familia, la amistad o la libertad, sólo hay tiempo –porque nos tienen tomados
del cuello- para el trabajo. Actividad cuya riqueza no es del obrero, sino para
alguien más que se jacta de ser dueño de los medios de producción. Resulta,
entonces, que además de vivir por ratos sólo es utilizado para optimizar la vida
de otro. El trabajo es una relación de explotación.
Si el trabajo es una relación de
explotación y una oposición a la libertad, la propiedad es un robo. No me mal
entiendan, hablo de la propiedad privada de los medios de producción. ¿Cabe en
un espíritu libre y solidario el deseo de explotar a una persona para hacerse
él más rico? El esclavo que vivió como tal hasta que consiguió lo suficiente
para fundar un negocio propio (y aun conociendo la situación) recompensa mal la
subordinación, vigila, castiga, prohíbe, en suma, no actúa a favor de los
obreros, no es más que un canalla.
La organización es indispensable. Sépanlo,
son todos individuos autónomos. Pero tenemos sin duda una lucha en común. Una
lucha en contra del capital, en contra de la explotación y favor de nuestras
vidas. Si el Estado –por cierto, organización en su mayoría burguesa- no
obligara a las empresas a darnos vacaciones, seguro médico, aguinaldo,
utilidades, no se molestarían; si no estuviesen obligadas a pagar horas extras y
a explotar por menos de ocho horas diarias, sólo por piedad lo harían; si los
obreros no se organizan para mejorar sus condiciones de vida, queridos amigos,
nadie lo va a hacer. ¿Quieren ser explotados toda la vida o quieren ser libres
de una vez por todas? No nos engañemos, el aumento de sueldo, las prestaciones
y todo lo que hemos logrado no son más que triunfos momentáneos. Habremos
triunfado el día que sea abolido el trabajo y hallamos recuperado nuestras
vidas.
A propósito, una frase de Séneca: “Lo que
no prohíbe la ley, que lo prohíba la humildad”
Muchas
gracias.
mexicorat3d@gmail.com
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