El
hombre despeinado con las manos en los bolsillos que mira el tiempo, soy yo. La
fotografía es de una amiga de la escuela. La tomó una mañana que salí a caminar
muy temprano junto con otro grupo de amigos. Cerca había un lago y el cerro
Viejo de Tultengo. ¿En qué piensa ese hombre imaginario? La imagen de lo real
no reproduce lo real.
Fotografía extraordinaria. No fue planeada
por la fotógrafa ni modelada por mí. De hecho, me enteré de la imagen mucho
después. La foto cumplió su función: capturar lo real –en la medida de lo
posible- en sí. Aprehendió al hombre observando el espectáculo de la vida. Él
es uno con lo que sucede en ese instante. Respeta y aprecia el momento, no
exige una fotografía para la memoria. ¿En qué piensa ese hombre imaginario?
Parece mirar la aparición del sol, los arbustos o quizá algún animal. Su
imaginación podría estar parada, como él, en un lugar inhóspito. Sus pies
parecen firmes y dispuestos, como si tuviera planeado ir lejos. Pero al mismo
tiempo las manos en los bolsillos hacen pensar que no lleva prisa. En efecto,
lo único que parece hacer es pensar. ¿En qué piensa ese hombre imaginario?
Más
tarde la fotografía serviría como imagen de la presentación de un coloquio
estudiantil. ¿Los oyentes habrán pensado en qué pensaba ese hombre imaginario?
¿Es un sujeto parado, solo, sin más consigo que sus ropas, la imagen de un
antropólogo en campo? Si decimos que un antropólogo es ante todo un pensador,
entonces sí.
El
hombre despeinado con las manos en los bolsillos que mira el tiempo, soy yo. La
fotografía es una imagen imaginaria. En ella hay un hombre imaginario cuya
cabeza proyecta palabras y cosas imaginarias. Recuerdo emocionado los versos de
Nicanor Parra: “Y en las noches de luna imaginaria/ sueña con la mujer
imaginaria/ que le brindó su amor imaginario/ vuelve a sentir ese mismo dolor,
ese mismo placer imaginario/ y vuelve a palpitar el corazón del hombre
imaginario”. Tan real como imaginaria, la imagen de lo real. Por eso sólo puedo
imaginar lo que pensaba el hombre de la fotografía que, por cierto, jamás
imaginó que sería pensado.
¿En qué piensa ese hombre imaginario? Es un
hombre, entonces lo que puede estar pensando es impredecible e ilimitado.
hailecontubernio@gmail.com

0 Comentarios:
Publicar un comentario