18 de septiembre de 2011

Irina Leigh


Peter bajó de la adorable Jacinta, una hermosa yegua blanca, y miró desafiante la mansión imponente que con su gris majestuoso y su marrón antiguo intimidaban debajo de esa oscura noche hasta al bandido más loco y atrevido.  La marea es alta, llega el olor a arena de la playa que está justo a un lado de la mansión de los Leigh. Las habitaciones de la casa tienen las luces encendidas, como previendo lo que está a punto de pasar.


Desenfundó su chichillo de oro y caminó hasta llegar a la entrada principal. Llamó a la puerta y se ocultó detrás de unos de los árboles  de manzanas que adornaban el jardín. Cuando salió el mayordomo, Peter le salto encima y le cortó el cuello, luego lo colocó encima de su cuerpo, festejando. Iba a entrar a la casa, pero antes de hacerlo se le ocurrió una idea para no ser descubierto ó para al menos poder pasar un poco desapercibido por la enorme casa. Así que le quitó las ropas al mayordomo, cuidando que la sangre no se derramara más. Dentro de esta casa nadie anda con ropas tan callejeras como las de Peter, y aunque el traje llevaba sangre, es incluso superior a las pestilencias de aquel extraño individuo. El cuerpo moreno y viejo fue arrojado al océano, y en su lento mover, una gran mancha de sangre ensuciaba el mar.


Entró a la mansión con su traje lleno de sangre, y sus ojos llenos de furia no se fijaron en la magnífica obra arquitectónica que tenía ante si, en sus pinturas antiguas llenas de paisajes y retratos que adornaban las paredes, en el azulejo azul que pisaba resbaloso, en los estantes de vidrio llenos de esculturas increíbles y frágiles, en las habitaciones llenas de libros y en las escaleras adornadas de esmeraldas. Peter caminaba serio y con el entrecejo fruncido, la mirada fija en un solo objetivo, y, saboreando la sangre de su cuchillo, perdiendo  la razón por un amor incomprendido.


En la habitación más alta de la mansión,  con la puerta entre abierta y una luz de vela encendida, tocada directamente de un hermoso piano, sonaba para elisa exquisita por entre los delicados dedos de Irina que, como finas esculturas de vidrio, se paseaban por las teclas mientras sus increíbles ojos azules revisaban las partiduras. Terminó de tocar la sinfonía, entonces abrió un cajón y de ahí sacó un cuaderno y una pluma. Sentada frente a su escritorio, y mirando la débil luz de la luna, comenzó a escribir:


Viernes 11 de noviembre

Hoy fue mi cumpleaños, mi mamá me regalo tres libros y mi papá varios vestidos hermosos. Recibí también regalos de la servidumbre: listones para el cabello, linda ropa, partiduras para mi piano, cartas y más libros. Sin embargo, no me siento nada contenta, y me negué a recibir todos los obsequios. El domingo 16 de octubre escribí: <<Mi papá acaba de mandar a matar a Peter, tuve que advertirle se fuera, se escondiera, porque lo iban a matar. La noche en la que salieron los guardias a asesinarlo me escape de papá y fui a buscarlo. Corrí por el bosque sin miedo a perderme a pesar de que no me dejan andar por ahí. Llegue hasta el pueblo y le pregunte a la madre Celestine si había visto a Peter, pero no me supo contestar, le dio miedo que estuviera tan agitada y sólo me intento dar una bendición. Corrí entonces hasta el centro del pueblo con la esperanza de ahí encontrarlo. Nada. Cuando vi pasar cerca de mí a los guardias de la mansión me asusté porque creí que me habían visto. Pero siguieron de largo y mi corazón dejo de palpitar con esa fuerza tan descomunal. Alguien me tomó el hombro, y yo grité asustada. Era Peter, y al verlo lo único que hice fue abrazarlo y besarlo. Le dije que debía irse, que los guardias de la mansión lo buscaban y querían matarlo. Peter me escuchó atento y obedeció a mi advertencia. Nos besamos de nuevo y salió corriendo, yo regresé a casa esperando que no hayan notado mi ausencia. Peter y yo juramos volver a encontrarnos para escapar de mis padres y vivir lejos. Ahora que escribo esto, me alegro de que Peter y yo nos hayamos jurado amor eterno. >>


 Y el sábado 5 de noviembre escribí:

<<Después de lo que hizo mi papá jamás volveré hablarle. ¡Cómo se atreve a arreglarme una boda con Connan TreMellyn! ¡Cómo se atreve a programarla para mañana! Envió invitaciones para todo el pueblo, y yo estoy casi seguro de que lo hizo para humillarme, jamás se hacen invitaciones para todo el pueblo. Quería que Peter se enterara para que sufriera. ¡Oh, mi Peter! Si tan sólo pudiera verte, quiero besarte y estar esta estrellada noche a tu lado, fusionando cuerpos. ¡Oh Peter! Si tan sólo supieras que escribo esto llorando por ti, amor. >>


El domingo 6 de noviembre:

<<Hoy fue la boda, toda la casa estaba extremadamente protegida, nadie podía entrar ni salir. Y por supuesto yo no tenía la mínima posibilidad. No saben lo desgraciada que fui cuando me obligaron a llevar el vestido de bodas y presentarme con ese inútil de Connan. El peor día de mi vida ha sido hoy. ¡Qué desgraciada soy!  Ahora el idiota de Connan duerme afuera del cuarto, tuve que luchar por más de una hora, pero al fin podré (ojalá) dormir. >>


Y el martes 7:

<<Supe que le dijeron a Peter que no quería volver a saber nada de él. ¡Qué traidor es mi padre! ¿Por qué tuve yo que vivir esta horrible vida? Yo no he pedido nada de esto. ¡Oh, Peter, nada de esto es cierto! >>


Pero hoy podré escribir las palabras más tristes. Pues resulta que Connan ha ido a por Peter, me lo ha dicho mi padre. ¿Qué le hace creer que va a encontrarlo? Si Peter no se presento a la boda debió haber huido del pueblo. ¡Pobrecillo! Sin embargo mi reacción fue otra cuando me dijo lo que haría Connan. <<Primero le va a confesar todo, y luego va a matarlo. Ya lo tenemos localizado. >> Guardo silenció ante mis reclamaciones del por qué hacía esto, y se limitó a marcharse dándome la espalda y con la cabeza abajo. Ahora escribo aquí, esperando que Peter esté bien y que pronto venga para irnos muy, muy lejos, pues esta represión es insoportable y no la deseo.


Irina terminó de escribir con unos versos:

Época de malos tiempos,
es mi turno vivir
oscuro me observa el templo
como estatua yo de marfil

Rápido pasa la muerte
dejando tras de si horror
ni de casualidad el amor se cruce
porque el temor de protección es la misma ordenada bajo presión

Época de malos tiempos
es mi turno vivir
de traiciones y amores
oscuro y muerto se ve el por venir

Doloroso y adictivo
resultas ser para mí
que ni en el día que comencé a vivir
puedo dejar de escribir para ti


Peter caminó por largas estancias, todas ellas muy bellas. En la biblioteca principal se encontraban los padres de Irina. Peter lo observaba desde afuera, no hacía ruido alguno. Bajo las escaleras como un ratón silencioso hasta donde estaban ellos, uno en frente del otro leyendo novelas románticas. Peter se puso de píe de tras de ellos, y el papá de Irina al ver la sombra que estorbaba su vista, miró hacía tras y se encontró de frente con el cuchillo de Peter que se incrusto en su ojos izquierdo. La señora Leigh se desmayó de inmediato y no pudo ni siquiera gritar. Peter sacó su arma del señor, con el ojo como adorno en él, y se lo incrusto en la boca a la señora, desgarrándole la lengua y cruzando hasta salir por la nuca. Sabía que ellos eran los culpables de todo.


Peter subió feliz y sin ser visto hasta la habitación de Irina, la casa al parecer estaba muerta. Ni una sola alma se cruzaba por ahí, todos deben estar dormidos –pensaba Peter-. Y mientras llegaba a por Irina recordaba las palabras que intercambió con Connan esa tarde:


-¿Qué haces aquí? –preguntó Peter al ver a Connan entrar a su casa-

-¿Qué crees tú? Irina me mando a matarte –respondió- y yo la obedezco fielmente.

-Eso no es cierto, ella jamás haría eso.

-Yo sólo sigo las órdenes de mi esposa.

 -Ella no es tu esposa –dijo Peter furioso-.


Entonces Connan desenfundo su arma, el ruido hizo que todos los que estaban por ahí cerca corrieran y se escondiera. Peter cayó al suelo. Connan se acercó a él y le puso la pistola en la boca. Peter creyó, al ver el dedo en el gatillo, que sería su fin. Sin embargo, mientras tenía cerrados los ojos escuchó un disparo, pero aún seguía vivo. Cuando los abrió miró a la madre Celestine mordiendo a Connan de la oreja. Dos segundos después Celestine le había arrancado un pedazo de oreja a Connan y éste cayó al suelo.


-Gracias, madre Celestine –dijo Peter.

-Claro, hijo. Ahora ve por Irina y váyanse lejos –dijo limpiando su boca-

-¡Irina! –gritó Peter subiendo la enorme mansión-.


Irina escucho a Peter y, emocionada, salió de su habitación y corrió hacia abajo esperando encontrarse con él. Así fue, escalones abajo se encontraba Peter, quien al verla se le iluminaron los ojos. Se abrazaron, fue el momento más dulce de sus vidas, era una cierta felicidad con un poco de melancolía: era amor.  Irina tomó todo el dinero de sus padres y salió de la mansión corriendo con Peter, subieron a Jacinta y escaparon lejos.


Pero a la salida de la mansión había alguien de píe: Connan TreMellyn. Y la niebla cubría su espantosa sombre mientras un aire cálido pasaba por sus pies.


¿Qué hace aquí? –se preguntó Peter- Ya lo habíamos acabado.

-Mátalo –dijo Irina muy seria-.

-¿Qué? –preguntó Peter extrañado-

-Mátalo –repitió-. Pásale el caballo por encima. De otra manera no seremos felices.

-Claro –dijo Peter-.


Entonces avanzó a todo galope con Jacinta, Connan disparó hacia ellos. Jacinta perdió el control y cayó. Irina y Peter estaban aún juntos tomados de la mano. Peter olvido el pequeño detalle de que Connan estaba armado. Se acercó a los caídos mientras la niebla empezaba a llegar, se escucha a lo lejos las olas romper contra la playa, y el bosque, como es natural, hacía ruidos extraños.  Connan estaba muy herido, parecía que pronto se iba a desmayar.  


-Escuchen –dijo- denme todo el dinero y pueden irse. ¡Rápido!


Peter e Irina se miraron curiosos, tenían que hacerlo Connan estaba armado y de cualquier forma se llevaría el dinero. Lo entregaron. Peter se puso de píe.

-Gracias –dijo-.

No se aparezcan por mi camino otra vez, mal nacidos –respondió escupiendo y amenazando con el arma-. Desaparezcan de mi vista.


Peter e irina se abrazaron y se alejaron despacio de ahí. Irina estaba lastimada y no podía caminar bien, entonces Peter decidió cargarla para no fastidiar a Connan que aún les apuntaba con la pistola. Unos pasos más adelante, mientras Peter animaba a Irina con unas dulces palabras, recibió un disparo en la cabeza. Irina sólo observó el agujero de la bala en el cráneo de Peter. Cayó muerto. Irina pegó un grito horrible.


-Listo, amor. Ahora sólo seremos tú y yo. ¡Para siempre! – y rió a carcajadas mientras Irina lloraba. ¡Oh! ¿Qué pasa, Irina? ¿Por qué lloras? ¡No te das cuenta de que ahora sin los molestos de tus padres y sin este imbécil en nuestro camino podemos ser finalmente felices? Ah ya entiendo, ¿quieres ir por más dinero ¿no es así? ¡Tus papas se asquerosamente ricos!

-Hijo de puta –dijo Irina mirándolo a los ojos- Jamás me iría con alguien como tu cerdo –y le escupió a la cara-.


Connan la miró unos instantes, pensando. ¿Sabes, Irina? –comenzó- siempre te admiré mucho, no importa en que situación estés, siempre debes ser la más fuerte. Connan apunto a su cabeza y jaló del gatillo.

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