4 de octubre de 2015

Conversaciones con Haile, el otro (4)

Durante el paseo en calles memorables, viviendo los recuerdos, lloviendo en su vida, Haile pensó: No hay paz en mi espíritu. Me he esforzado en mantener la tranquilidad  y siempre algo me angustia, pierdo el orden. He leído y seguido los pensamientos de muchas ilustres mentes; he llevado –aún incluso sin saberlo- a cabo las propuestas de aquéllos y, quizá en virtud de que es un ejercicio espiritual, no he logrado la paz interior. Llega un momento en el día que mi felicidad es interrumpida por la melancolía, dejo entonces de sonreír y bromear para estar en ese extraño estado en el que duele todo el cuerpo.

-Pienso que las ideas que habéis leído y seguido no son para la paz interior, sino para inquietar, por la naturaleza de los problemas de los que se ocupan, vuestro espíritu –espetó Haile, el otro, luego de escuchar el lamento-.  Pregunta clásica: ¿es éste el mejor de los mundos posibles?

-Pienso que tienes razón –cedió Haile-. Sin embargo, la finalidad estriba en el cambio de vida hacia la sugerida, pues no todas las ideas son mera abstracción. Ahora, desde luego que no es el mejor mundo posible, pero ese mundo es imaginario ya que vivo en sociedad.

-¿Qué puedes hacer para que tu mundo se acerque al mejor de los posibles? Y no me refiero a las sociedades, sino a tu vida.

-No puedo hacer de la vida poesía…

-A veces la poesía duele como la vida.

     Los labios de Haile comenzaron a temblar y Haile, el otro, vio que unas lágrimas brotaban de sus ojos tristes.

-Soy una basura –comenzó a decir Haile, parecía sumergirse en su memoria- Casi no tengo amigos. Quizá sólo tenga dos o tres amigos que no se ocupan de mí. No soy el mejor amigo de nadie. Soy un asco. Durante años he tratado a las personas que me quieren como si yo no las quisiera, como si no amara. ¿Cuántas perdidas por culpa de mi estupidez? ¡No quería hacer daño! ¡Era egoísta! ¡No pensaba en los demás! Siempre me importó más el pensamiento correcto. Volqué toda mi atención a la razón y así viví.

-¿Y ahora? –preguntó Haile, el otro, sabiendo de antemano la respuesta-.

-Este año ha sido el más grande de todos y aún falta para que termine. Este año aprendí la lección más importante de mi vida: lo importante no es el pensamiento correcto, sino la acción correcta.

-¿Tienes presente que la acción correcta va de la mano con el pensamiento correcto?

-Desde luego, pero la primacía del pensamiento sobre la acción correcta conduce a justificar acciones incorrectas.

-Bien dicho –señaló Haile, el otro-. Por cierto, dime Haile ¿qué inquieta vuestro espíritu?

     Haile abrió los ojos como platos. Permaneció en silencio unos segundos y comenzó a llorar. Haile, el otro, lo abrazó.

-Me siento terrible. Justo en este momento la vida no es bella. Más que inquietar me duele el espíritu, amigo.

-¿Qué ocurre? –preguntó suave Haile, el otro, sin dejar de abrazarlo.

-Ante la perdida del amor, la idea de la muerte -dijo.

     El resto lo conversaron en silencio, como si fuera un secreto. 

    @HaileEspino
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2 comentarios:

  1. Sea pues la guía en esta senda, la vívida y cálida luz de nuestro espíritu.

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  2. Si Haile quiere hacer de la vida poesía, ¿qué debe hacer? ¿Acaso dejar que la cálida y vívida luz de su espíritu lo conduzca en esta senda?

    ATTE: Haile, el otro.

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