En
la era de internet, las personas ensayan su identidad y personalidad en las
redes sociales o blogs antes de presentarse en la sociedad. La personalidad,
siempre influenciada en la vida del hombre por lo que el mismo hombre vive –su
contexto cultural- se encuentra ahora ante un fenómeno nuevo: la
espectacularización del yo. El auge del espectáculo –que permite a sujetos
anónimos convertirse en sujetos mediáticos- incita a hacer del yo también un espectáculo. En la
sociedad contemporánea, bañada de imágenes de lo real, las personas practican su
personalidad mediante la espectacularización con tal intensidad, que la identidad individual se
mueve ahora entre lo público y lo privado. Transitan por ambas sin que sus
límites estén bien definidos.
En la actualidad, la sociedad se encuentra
ante el constante bombardeo de imágenes, máscaras, arquetipos, que influyen y
confunden a los individuos. Los medios de comunicación, portadores del poder de
la imagen de lo real, son los responsables de la creación de otras realidades.
Éstas, reproducidas hasta el cansancio, se llegan a convertir en cotidianas en
la vida de las personas. Así, encontramos que figuras de la televisión o del
cine –aun de las series, telenovelas y videojuegos- imponen mediante la
influencia su realidad. La personalidad es invadida y creada a partir del
contacto con estos arquetipos propuestos. Individuo que mira Dr. House,
individuo que se quiere parecer a él. La identidad también es acosada por los
medios. Es posible observar que preguntas fundamentales como: ¿Quién soy? y ¿Cómo encajo en la sociedad? pasan ahora por ellos. El deseo de
pertenecer transita por ahí.
Las redes sociales y los blogs propician
el juego del individuo con sí mismo y con el otro. Es ahí donde, debido a
ciertas características, el sujeto se siente más cómodo. Y es que el blog no es
sólo un espacio abstracto ubicado en algún lugar abstracto, sino que es, en
suma, uno mismo. Y las redes sociales son en todo su esplendor lo que su nombre
indica. En las redes sociales por internet, contrario a lo que se creía, el
individuo no está aislado, encarcelado, hipnotizado; está en contacto y
refuerza en lo virtual sus redes sociales en lo real.
La ausencia de imagen física, palpable, en
internet, inhibe menos a los individuos, lo que provoca que se expresen con
mayor libertad on line que en el
encuentro off line. Es la sensación
de libertad y de poder las principales razones por las cuales el individuo se
siente más cómodo para ensayar, fingir y ser él. Y es que desde el momento en
el que nacemos adquirimos lenguaje, hábitos, creencias: cultura. Esta
adquisición es voluntaria, pero llega un momento en la vida de un sujeto que
aparece la rebeldía, la resistencia, ante la insistencia del ambiente social
por hacer de él algo. Inconscientemente, quizá, retoman cierta frase de Sartre:
“Un hombre es lo que hace con lo que hicieron de él”. Las redes sociales y los
blogs son una nueva oportunidad para la libertad, pues ahí se experimenta
autonomía, poder, popularidad y una exaltación de la creación tal, que la
experiencia pasa del hacer al ser. Es natural que la creación produzca
ese efecto. Se observa en los testimonios e investigaciones sobre el arte. Sin
embargo, el hecho de que la creación se realice por Internet sin la necesidad
de tomar cursos de pintura, literatura, cine, danza, etc, aumenta la
posibilidad de éxito, ya que el contacto es casi inmediato. La inmediatez se ha
superpuesto al espacio.
El ser se plasma en la creación. El
individuo y su creación no son dos cosas distintas, sino que son una sola cosa.
El individuo plasma en sus redes sociales -donde experimenta libertad,
autonomía y poder- lo que él piensa sobre cualquier cosa, lo que siente. De
este modo está creando, transportando su yo hacia su creación. Pero no sólo eso.
Al exhibir su creación de inmediato –in-media-
se está espectacularizando, mediatizando. Más aún: está ensayando su
personalidad, el cómo quiere que los demás lo perciban. En las redes sociales y
blogs se sube contenido único de los
individuos. Con ello refuerzan sus vínculos sociales ya que el otro puede saber
lo que le gusta, sabe, desea y sueña. Pero así como se suben creaciones únicas,
existen mascaras que disfrazan el ser. El ensayo de la personalidad es muy
común entre los usuarios de Internet. En las redes sociales, por ejemplo, se
hacen comentarios o escriben pensamientos, pintan o graban algo, con el
objetivo de obtener la aprobación social de quienes miran su personalidad. Si
algo falla en el proceso, digamos, recibe críticas o no obtiene comentarios,
cambia el contenido –cambia su personalidad- para que sea aceptado. Cuando
habla con otro mediante Internet siente mayor libertad que frente a frente,
pues la ausencia de imagen física permite una expresión más razonada y sin
efectos psicológicos. En suma, si algo en su ensayo de personalidad tiene éxito
lo transporta a su actividad social off
line, fin último del ensayo de la personalidad.
Con justa razón nuestra sociedad es
llamada “civilización del espectáculo”, nombre quizá demasiado romántico. Los
medios democratizan sociedades. Hacen popular a todo aquel que se cruce con
éxito por su camino. En la era de internet, o mejor dicho, en la era del
espectáculo, lo importante, lo que dará prestigio y valor, es la popularidad,
la mediatización. Con anterioridad la televisión ocupaba este lugar de
popularidad, se tenía que aparecer en ella para alcanzar la espectacularidad,
aunque nunca haya alcanzado los niveles que ahora posee Internet. En tiempos
más recientes, incorporándose a la era del espectáculo, la televisión se ha
transformado. Cambia continuamente de formatos, se adapta y seguirá vigente por
muchas generaciones a pesar de la pronta expansión de Internet. La televisión
está por venir… Mencioné la televisión porque sirve de ejemplo de la
espectacularización de la sociedad. La televisión, al igual que Internet, se
vale de la imagen de lo real, de lo inmediato
que se superpone al espacio. Internet, sin embargo, está menos limitado. Ahí
todos pueden ser “productores”, crear contenido. En las redes sociales y blogs,
hemos dicho, se ensaya la personalidad para obtener la aprobación del otro y
así trasladar el éxito de su personalidad a sus vínculos sociales off line.
Respondiendo adecuadamente a su época las
personas de la era de Internet no están contentas con sólo ensayar su
personalidad, experimentar libertad, poder y autonomía, sino que además buscan
deseos el espectáculo. En redes sociales como Youtube se observa que los
individuos quieren mediatizarse; se graban describiendo sus actividades diarias
(el diario, personal y privado, en
este formato es del dominio público); haciéndola de comediantes; opinando sobre
los temas que los aquejan; hablando sobre ellos mismos; ejecutando trabajos
simples hasta acciones impresionantes, etcétera. Lo importante en nuestra
sociedad es no pasar desapercibido. Existe un elogio del espectáculo. Del mismo
modo ocurre en los blogs, donde se diseñan el mayor número de estrategias
posibles para obtener visitas. En Facebook y Twitter los usuarios participan en
grupos –donde ejercen y ensayan su identidad y personalidad- y opinan en una
densa nube de opiniones donde si una es más popular que la otra, entonces
satisface la necesidad. El yo, la personalidad, está a merced del espectáculo.
Ahora, La
extensión de la globalización, que genera el concepto antinómico de "aldea
planetaria", habría eclipsado la relevancia de los territorios interiores,
tales como las regiones y los estados-naciones, por ejemplo, sustituyéndolos
por redes transnacionales de carácter comercial, financiero y más mediático,
etcétera, que escapan a todo control estatal y territorial (Braman y
Sreberny Mohammadi,1996). Esto es importante porque internet, específicamente
con el uso de blogs y redes sociales, hace desaparecer las fronteras y recalcar
aquella frase de “aldea global”. Lo interesante aquí no es cómo surge, sino
cómo se interactúa en esa aldea global. Y es que, debido al ensayo de la
personalidad y la identidad, la aldea sería virtual en toda la extensión de la
palabra. Es decir, un mundo fingido en el cual todos mienten acerca de sí
mismos. Las redes sociales exaltan al individuo, lo hacen personaje principal
de la trama, pero no al individuo que se puede encontrar en las calles, sino al
sujeto creado, al que actúa. Actuar es no ser y, en el contexto del ensayo en internet
y de la aldea global, me pregunto cómo será la interacción entre las culturas.
¿Habrá dialogo entre etnias arquetípicas? Las probabilidades, a mi juicio, son
altísimas. En este sentido valdría la pena revisar algunas cosas.
Sin el uso de internet, la comprensión y
la tolerancia hacia el otro, hacia la otra cultura, es muy complicada por el
intrínseco etnocentrismo. Con la
utilización de internet, de las redes sociales, el contacto con el otro puede
reducir la agresividad de ambas partes. Sin embargo, siempre nos vemos
fascinados por el otro, ¿podrá, entonces, lograr que uno se maraville si
explota (como los proyectos nacionalistas presentes en todo el mundo que
engrandecen sus monumentos, su arte, su historia) su cultura ensayando su identidad a través de internet?
Puede ser. Me pregunto también si la aldea global, tanto off line como on line, no
acabará siendo dominada por una etnia, por un cultura, dificultando el dialogo
entre otras o inhibiéndolo en un especie de dictadura global.
buen trabajo!
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