28 de noviembre de 2011

Dos además de mí

Hoy leí una oración que al principio me pareció absurda, pero que luego pensé podía tratarse de un aforismo filosófico. Lo que  leí fue: “la vida es una pérdida de tiempo”. Definamos vida, pérdida y tiempo. No, mejor no. No estoy en condiciones para hacer eso. No obstante, lo que me pareció más curioso llegó después. Horas más tarde volví a leer esa frase, pero esta vez escrita por un gran amigo. Él parecía triste, y noté como trataban de hacerlo sentir mejor. En ese momento sentí una especie de lastima, pues  además me venían a la mente las cosas que me hacen sentir mal. Lo extraño, sin embargo, no fue haber leído eso de él, sino la risa que me empezó a dar cuando sentí aquellos sentimientos. Era eso otra vez. Una parte de mí se burla de mí cuando tengo un pensamiento noble o un sentimiento lindo.

¡Qué maldito!

Sin embargo, desde los 15 años, aunque no estaba consciente de la existencia de esa extraña parte de mí, he sabido cómo dominarla: escribiendo. Se duerme, entonces mi lado humano escribe lo que siente. Pero a veces no es así, pues esa parte duerme a la otra, y luego escribe lo que siente. . . No se agradan, de eso estoy seguro. Ojalá pudiera dominarlo en la vida real, pero no puedo. Cuando escribo ambos están atentos, hay ocasiones en las que no sé quien escribe. ¿Será acaso otra parte más? No creo.

Es como dejarlos descansar. Escribiendo logro el equilibrio, consigo que ambos dejen de golpearse.

La vida es eso que pasa mientras escribimos. Escribir es una completa forma de vida, ojalá pudiera hacerlo bien. Estoy desperdiciando la vida, perdiendo el tiempo. Ojalá pudiera hacerlo como Borges, Kafka o Hesse. ¡Ellos sí eran artistas! A mí sólo me alcanza para calmar relativamente a dos bestias. Cuando tengo un sentimiento amoroso hacía otra persona, una parte se burla de mí. Me llama estúpido, me dice que deje de ser tan débil, me orienta a no expresarme. Por eso nunca he podido demostrar mis verdaderos sentimientos. Ésta parte es temerosa. La otra parte parece tener más fuerza, ser más inteligente y oportunista. Cuando me comporto como un tipo solitario al que no le agrada la gente, presumido y tramposo, mi otra parte me llama bruto, inmaduro, y en el peor de los casos (casi siempre) un verdadero hijo de puta. Quiero callarlos, quiero matarlos. Pero no puedo, ambos forman parte de mí.

Los escucho, están dormidos y roncan.

¿Han sentido esa extraña sensación de vacío cuando dejan de hacer lo que les gusta? En mí, es ese instante donde estas dos partes aún no se despiertan. Donde no hay nada. Las letras son música de siesta para estas cosas. Pero a veces no es así, ellos escriben también. A uno de ellos le gusta hablar solo, no en público, completamente solo y solo. Al otro no le gusta hablar siquiera, no le llaman la atención las personas. Odia por naturaleza estar rodeado de gente que no le agrada. Uno sufre de esquizofrenia, mientras el otro adora fumar y se burla de la enfermedad de su prójimo.

Deberían quitarse la vida.

Y pensar que he vivido así toda mi vida. Ellos han madurado conmigo, pero siempre han estado ahí. Estuvieron ahí la primera vez que leí un libro. Estuvieron ahí la primera vez que bese. Estuvieron ahí cuando tuve relaciones sexuales. Estuvieron ahí cuando conocí la historia. Estuvieron ahí cuando descubrí lo que quería hacer en mi vida. Nunca se agradaron, pero llegó un momento en el que se empezaron a atacar. ¿Por qué? ¿Qué le hizo qué a quién? Cuando me di cuenta no me dejaban dormir. Me hacían ver los errores como nunca antes lo habían hecho. Poco a poco empezaron a tomarme. Ya no se conformaban con persuadirme a hacer algo, no. Ahora salen ha hacerlo ustedes mismos. Los odio.

Entonces lo averigüé.

Ese libro tenía la respuesta. Mi vida se divide en antes y después de leerlo. Hasta aquél momento creí que todo era normal, pero el libro me hizo saber que existían. ¿Cómo controlarlos, pues? No se puede, no hay cura, llegué a pensar. Sin embargo siempre tuve la respuesta. Por eso cuando escribía me sentía tan bien conmigo mismo. No obstante, parece que ni eso los puede detener. Ya he mencionado que ellos también salen a escribir. Interrumpen los textos del otro, arruinándolos por completo.

Ya me he acostumbrado.

Desde hace meses sé que están ahí, pero ya no importa. Lucharé por controlarlos a la perfección. Veremos quién acaba con quién. Y por conclusión veré si todavía sigo con vida. 


Contacto
mexicorat3d@gmail.com
Compartir en:    Facebook Twitter Google+

1 comentario:

  1. Cada quien tiene su alter ego. leo todas tus entradas, pero hasta ahora he podido comentarte :)

    ResponderBorrar