En una noche lluviosa como ésta –pero lloviendo en mi imaginación-, hace cuatro o cinco años, poco importa el tiempo, escribí mirando cierta bahía oscura unos versos cuyo contenido quemé llorando. Lo que ahora escribo en extrañas e inéditas hojas blancas es, tal vez, los versos que perdí. Confío en que éstas, como yo mismo, no se terminen incendiando. Sin embargo, escribo con el espíritu ardiendo y soy tan necio queriendo un corazón bello que, temo, me terminaré consumiendo.
He notado que enamorados los más creen haber
encontrado lo ausente. Una linda chica cree encontrar en mí lo que yo no tengo.
Quizá alguna ocasión tuve lo que ella buscaba y nos unimos; ahora en desunión
parece buscar en desesperación lo que ya perdí. De mí, querida, desde hace
mucho tiempo sólo encontrarás amistad, no una relación de noviazgo tradicional.
¿Acaso creo haber encontrado lo
ausente? Bueno, no sé. No he encontrado todo
lo que busco, pero es porque tampoco me han dejado buscar. Incluso a la
distancia la experiencia sigue siendo sublime. Pero, ¿qué más hay?
No suelo compartir la emoción desbordante
de entrar a una universidad. Según mis condiciones de vida, entrar a una
universidad es una obligación, no un triunfo. Sin embargo, es satisfactorio y
placentero, aumenta la felicidad. Este año regresaré a mi escuela favorita de
toda la vida y uno de mis lugares preferidos en el mundo - ¿emoción
desbordante? ¿dónde? -. Escuela que nunca debí haber abandonado y que ahora
nunca más abandonaré. Emprender y culminar mis estudios universitarios en
universidades diferentes es, ahora y sólo ahora, el verdadero triunfo.
Qué pena conseguir el título universitario
sin hacer tesis, pagando y en tres años. Considero que algunas alternativas
para obtener la credencial del saber que expiden las universidades son
ilegitimas. En estudios de disciplinas sociales y humanidades es más notable la
injusticia. Si el estudiante proveniente de estas disciplinas no es capaz de
redactar una tesis constituye una pérdida de tiempo y de impuestos. En el mejor
de los casos podría suplantarse la tesis por cierto proyecto emprendido, pero
debemos discutirlo. La titulación por buen promedio supone varias cosas, entre
ellas que el estudiante es capaz de redactar una tesis; no supone que el
estudiante es maravilloso y que por lo tanto está exento de hacer lo que todos
–de hecho, incluso se debe esperar más de él-, sino que entregó muchas tareas e
investigaciones –quién sabe de qué calidad-.
Me siento solo y el sonido del mar y el
calor de la playa en la noche triste no son consuelo. He cometido muchos
errores. He sido arrogante, pedante, tonto; he sido grosero, burlón, presumido.
Si tengo alguna virtud, el otro se debe encargar de señalarla, pues si yo
emprendo semejante apropiación pecaré, otra vez –tal vez-, de arrogante y
pedante, de tonto y grosero. ¡Qué vergüenza! No puedo sino hablar mal de mí
esperando que de este modo no olvidé y aprenda de mis errores.
Llevo años sintiéndome solo. Sin embargo,
no lo estoy. Tengo un par de amigos maravillosos que no entiendo todavía por
qué quieren pasar tiempo conmigo. Amigos y compañeros en la universidad que
siempre tienen una sonrisa para mí, igual que para todos, creo. Cierta fortuna
con las mujeres que hacen sentirme a gusto. Tengo una familia que respeta y apoya
cada decisión que tomo, que me permite una libertad absoluta en cada paso que
doy hacia cualquier dirección, como si confiaran en la educación que me dieron
o como si supieran que, en efecto, soy libre y terminaré haciendo siempre lo
mejor para mí y para todos, que no haré daño. Tengo también unos gatitos
hermosos que adoro y una perrita juguetona.
Pero llevo años sintiéndome solo. La
soledad está dentro de mí, no fuera, donde están mis amigos y familia. No sé
qué necesito. ¿Qué es que la soledad esté en mí? Tal vez no estoy diciéndolo correctamente.
Soledad es la palabra con la que significo lo que siento que no sé qué es. No
encuentro palabras para describir la experiencia, todo parece ser insuficiente.
Es horrible. No sé qué necesito, pero creo saber qué es porque siempre que me
siento así escribo sobre un asunto específico.
Lo que escribo con el espíritu ardiendo no
es cura de la enfermedad. Me apacigua el dolor, pero siempre retorno a ella.
Terminar de escribir hasta consumirme no garantiza que no volveré a arder.
Además, el resultado no está seguro. Sólo una cosa es cierta: es necesario y
parece ilimitado. ¿Es éste el origen de mi pesar? ¿No será la consecuencia de
algo más que todavía no descubro? No hay
razones para estar feliz. El mundo se cae en pedazos. No se afirma la vida. Todo
está muriendo. El mundo es horrible, ¿cuál debería ser la razón para estar
feliz?
Por lo menos aquí hay paz. Todos ríen, beben
y cantan. Este pedazo de tierra junto al mar es precioso, pero también
ilusorio, como un buen sueño.
hailecontubernio@gmail.com
0 Comentarios:
Publicar un comentario