1 de agosto de 2016

Breves notas mirando el mar


En una noche lluviosa como ésta –pero lloviendo en mi imaginación-, hace cuatro o cinco años, poco importa el tiempo, escribí mirando cierta bahía oscura unos versos cuyo contenido quemé llorando. Lo que ahora escribo en extrañas e inéditas hojas blancas es, tal vez, los versos que perdí. Confío en que éstas, como yo mismo, no se terminen incendiando. Sin embargo, escribo con el espíritu ardiendo y soy tan necio queriendo un corazón bello que, temo, me terminaré consumiendo. 


     He notado que enamorados los más creen haber encontrado lo ausente. Una linda chica cree encontrar en mí lo que yo no tengo. Quizá alguna ocasión tuve lo que ella buscaba y nos unimos; ahora en desunión parece buscar en desesperación lo que ya perdí. De mí, querida, desde hace mucho tiempo sólo encontrarás amistad, no una relación de noviazgo tradicional. 

     ¿Acaso creo haber encontrado lo ausente?  Bueno, no sé. No he encontrado todo lo que busco, pero es porque tampoco me han dejado buscar. Incluso a la distancia la experiencia sigue siendo sublime. Pero, ¿qué más hay? 

     No suelo compartir la emoción desbordante de entrar a una universidad. Según mis condiciones de vida, entrar a una universidad es una obligación, no un triunfo. Sin embargo, es satisfactorio y placentero, aumenta la felicidad. Este año regresaré a mi escuela favorita de toda la vida y uno de mis lugares preferidos en el mundo - ¿emoción desbordante? ¿dónde? -. Escuela que nunca debí haber abandonado y que ahora nunca más abandonaré. Emprender y culminar mis estudios universitarios en universidades diferentes es, ahora y sólo ahora, el verdadero triunfo. 

     Qué pena conseguir el título universitario sin hacer tesis, pagando y en tres años. Considero que algunas alternativas para obtener la credencial del saber que expiden las universidades son ilegitimas. En estudios de disciplinas sociales y humanidades es más notable la injusticia. Si el estudiante proveniente de estas disciplinas no es capaz de redactar una tesis constituye una pérdida de tiempo y de impuestos. En el mejor de los casos podría suplantarse la tesis por cierto proyecto emprendido, pero debemos discutirlo. La titulación por buen promedio supone varias cosas, entre ellas que el estudiante es capaz de redactar una tesis; no supone que el estudiante es maravilloso y que por lo tanto está exento de hacer lo que todos –de hecho, incluso se debe esperar más de él-, sino que entregó muchas tareas e investigaciones –quién sabe de qué calidad-. 

     Me siento solo y el sonido del mar y el calor de la playa en la noche triste no son consuelo. He cometido muchos errores. He sido arrogante, pedante, tonto; he sido grosero, burlón, presumido. Si tengo alguna virtud, el otro se debe encargar de señalarla, pues si yo emprendo semejante apropiación pecaré, otra vez –tal vez-, de arrogante y pedante, de tonto y grosero. ¡Qué vergüenza! No puedo sino hablar mal de mí esperando que de este modo no olvidé y aprenda de mis errores.

     Llevo años sintiéndome solo. Sin embargo, no lo estoy. Tengo un par de amigos maravillosos que no entiendo todavía por qué quieren pasar tiempo conmigo. Amigos y compañeros en la universidad que siempre tienen una sonrisa para mí, igual que para todos, creo. Cierta fortuna con las mujeres que hacen sentirme a gusto. Tengo una familia que respeta y apoya cada decisión que tomo, que me permite una libertad absoluta en cada paso que doy hacia cualquier dirección, como si confiaran en la educación que me dieron o como si supieran que, en efecto, soy libre y terminaré haciendo siempre lo mejor para mí y para todos, que no haré daño. Tengo también unos gatitos hermosos que adoro y una perrita juguetona. 
 
     Pero llevo años sintiéndome solo. La soledad está dentro de mí, no fuera, donde están mis amigos y familia. No sé qué necesito. ¿Qué es que la soledad esté en mí? Tal vez no estoy diciéndolo correctamente. Soledad es la palabra con la que significo lo que siento que no sé qué es. No encuentro palabras para describir la experiencia, todo parece ser insuficiente. Es horrible. No sé qué necesito, pero creo saber qué es porque siempre que me siento así escribo sobre un asunto específico. 

     Lo que escribo con el espíritu ardiendo no es cura de la enfermedad. Me apacigua el dolor, pero siempre retorno a ella. Terminar de escribir hasta consumirme no garantiza que no volveré a arder. Además, el resultado no está seguro. Sólo una cosa es cierta: es necesario y parece ilimitado. ¿Es éste el origen de mi pesar? ¿No será la consecuencia de algo más que todavía no descubro?  No hay razones para estar feliz. El mundo se cae en pedazos. No se afirma la vida. Todo está muriendo. El mundo es horrible, ¿cuál debería ser la razón para estar feliz?

     Por lo menos aquí hay paz. Todos ríen, beben y cantan. Este pedazo de tierra junto al mar es precioso, pero también ilusorio, como un buen sueño.

hailecontubernio@gmail.com
Compartir en:    Facebook Twitter Google+

0 Comentarios:

Publicar un comentario