Haile lee Milenio porque uno de sus “pasatiempos” (¿qué es eso?) favoritos
es enajenarse. En este diario de circulación nacional la crítica a los maestros
de la CNTE es devastadora. Mientras tanto, en el diario La Jornada el apoyo a
estos mismos maestros es total. ¡Tres hurras por la libertad de expresión! Extremos
opuestos. En Milenio escriben plumas que Haile disfruta muchísimo. De Gil Gamés
Haile dirá que es el más divertido de los intelectuales transgénicos. Es también un maravilloso divulgador de la literatura y la filosofía,
además de inspirar el estilo de prosa que el lector está leyendo. De Luis
Gonzales de Alba, Haile optimista dirá que disfrutó Los días y los años, pues casi no le aburrió. Es uno de sus
articulistas favoritos, aunque Haile ha pensado varias veces que, de ocurrir otra
vez algo parecido a aquel sufrido 2 de octubre del 68, Luis opinaría que los
estudiantes son delincuentes o algo por el estilo[1].
Haile también disfruta las opiniones políticas de Ricardo Alemán. Siempre que
tiene un mal día busca su ridícula columna para poder explotar en carcajadas y
recuperar el ánimo. Por el otro lado, en La Jornada existe un articulista que
no siempre pública, pero que disfruto muchísimo. El filósofo Enrique Dussel
tiene una virtud que consiste –como buen filósofo, y él no es “cualquiera”- en
hacerte pensar cuando lo está uno leyendo. Profesor universitario de prestigio
internacional, tal vez su única desdicha como maestro sea darme clase.
Preocupado porque en Oaxaca mueren
personas –luego policías, maestros, o lo que sea- durante una manifestación,
Haile volvió a leer la reforma educativa y de paso, otra vez, la
Constitución. En efecto, el susodicho
piensa que la reforma no es educativa, sino a todas luces administrativa y
laboral. Reforma educativa cuando Gabino Barreda introdujo el positivismo en
México. Esta reforma no contiene proyecto pedagógico alguno, sino cambios en la
manera de administrar los recursos y la relación con los maestros. El lector de
otra nación con más suerte que la mexicana tal vez no lo sepa, pero en México
antes de esta reforma laboral-administrativa (que por puro enamorados diremos
que se llama “educativa”) los maestros administraban sus plazas como si fuesen propiedad privada (nótese mis cursivas en
plural). Podían no sólo heredarlas, sino venderlas. Se entiende entonces que el
control de la administración de los recursos de la educación era un gran
negocio. Con la reforma, la administración de los recursos pasará de manos del
sindicato (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación) o su disidencia
(Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) a instituciones
autónomas. Así las cosas, también para poder ocupar una plaza como maestro será
necesario concursar por ella. El lector de otro planeta no lo sabrá, pero en
México en cuanto los estudiantes de las normales terminaban sus carreras tenían
una plaza de maestro a su disposición, o en caso de estar todo taponeado (como
en la academia universitaria) tenían que recurrir a comprar alguna o que algún
familiar se las heredara. Haile considera que hasta ahora la reforma es
saludable, ¿a poco no? -muletilla pagada por el PAN-. Luego viene una
evaluación a los profesores. ¡Ah! Me encanta la falacia ad hominem: que mejor se evalúe Peña -por cierto, ¿alguien sabe cómo
una universidad dio al señor presidente el grado de licenciatura sin leer y sin
inglés? -; evaluación a los diputados y si no sirven los despedimos; que
evalúen a Aurelio Nuño y Miguel Osorio, etcétera, etcétera, etcétera y recontra
etcétera. Haile ignora cuál es el contenido de la evaluación, pero dicen los
enterados que es homogénea. Ciertamente, es estúpido hacer una evaluación así.
Pero no le hagan caso a Haile, él piensa que la diversidad es importante y que
el estado debería ser plurinacional. O sea, está loco.
Como sea, con la evaluación a los maestros
vienen otras cosas interesantes. Sin duda, algunas prestaciones laborales surgirán
en detrimento de otras. Si obtienen resultados destacados en la evaluación se
les darán incentivos económicos. Haile, sin embargo, conoce a un maestro cuya
calificación en la evaluación fue destacada y hasta el último día que habló con
él no había recibido un solo centavo, y ya habían pasado un par de meses desde
su evaluación. Pero no le hagan caso, Haile inventó esto como elemento retórico
en su discurso para persuadir con mayor facilidad al lector. De este modo, si
reprueban la dichosa evaluación tres veces serán canalizados a “otras áreas”.
Haile se preguntó qué diantres quiere decir “otras áreas” echando mano de la
historia de la filosofía. Al parecer, de manera sutil, quiere decir deshacerse
de ellos por incompetentes, inútiles, mendigos y arrastrados -como diría mi padre-.
Los maestros tienen derecho a un empleo estable y ser evaluados tomando en
cuenta su grado académico, experiencia y el contexto en el cual imparten cátedra.
Ahora voy a pasar a un tema espinoso.
Haile no quiere escribir que los maestros en sus acciones de protesta se
convirtieron en delincuentes. Naturalmente, pueden estar en desacuerdo con la
reforma y protestar de un montón de maneras posibles y factibles. Es posible
protestar haciendo paro de labores, claro, pero de ninguna manera es factible
hacerlo durante años. Había profesores que cobraban sin dar clases. Lector, ¿te
parece justo? Dada la enorme complejidad de los asuntos humanos, sería irresponsable
decir que son los maestros quienes roban, bloquean, humillan, secuestran y
quién sabe si hasta asesinan cuando hay una protesta a su nombre. Haile no
quiere caer en el error de los intelectuales transgénicos que criminalizan la más
mínima protesta magisterial, que son incapaces de ver la complejidad del
problema. Oaxaca es una entidad con problemas particulares, con grupos que
están en lucha desde hace muchísimos años. No podemos pensar Oaxaca desde la
Ciudad de México o Monterrey. La dinámica en Oaxaca, Chiapas, Guerrero,
etcétera es evidentemente distinta y difícil de abordar. Pero tampoco quiere
caer en el extremo opuesto de que ellos son sólo victimas del mal gobierno.
Digan todos que Haile se volvió loco, pero él piensa que el fin no justifica
los medios.
Vergüenza les debería dar a los
maestros si están luchando por recuperar sus privilegios corruptos. En fin. La lucha
persigue un fin justo en la medida de que quieren estabilidad laboral y mejores
salarios –ganan una miseria y trabajan en paupérrimas condiciones-, no en la
medida que quieran recuperar antiguos privilegios corruptos. Es justa en la
medida de que no quieren que se privatice la educación. Y ésta es ya la lucha
de todo el pueblo. Como van las cosas, no tardan en privatizar el aire.
En conclusión, Haile considera la lucha
del magisterio legítima y justa, pero los medios que han utilizado hacen pensar
a más de uno, también de manera legítima y justa, que son delincuentes. Haile
insiste en la palabra complejidad
porque es más difícil de lo que parece. Hará falta un ensayo amplio o hasta un
libro para tratar de elucidar los acontecimientos no sólo en torno a la reforma
laboral-administrativa –que de puro enamorados llamaremos “educativa”- del
mal gobierno, sino en torno a los acontecimientos del sur del país. El buen lector
sabe a qué me refiero. Aunque, en realidad, Haile insiste en la palabra complejidad para salirse por la tangente
y no opinar desde la ignorancia (¿más?) sobre asuntos en los cuales nadie pidió
su opinión.
En fin.
hailecontubernio@gmail.com
[1]
Léase sus opiniones sobre los estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre del
2014 en Iguala, Guerrero.
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