28 de junio de 2016

Opinión (que nadie me pidió) sobre la reforma educativa

Haile opinará, aunque nadie se lo haya pedido -como siempre, metiéndose donde nadie lo llama-, sobre un asunto de complejidad mayúscula. La relación entre la reforma educativa, la CNTE, el gobierno y el pueblo organizado no lo tenía tan preocupado desde que se dejó de protestar por la reforma energética. Pero antes de comenzar quiero decir un par de cosas. A Haile todavía le quita el sueño que la mayoría de los mexicanos sigan votando por el PRI; es decir, por el mismísimo demonio. Ese partido político significa la anti-política más que cualquier otro en este desgraciado país, y tal vez aun en el mundo: la fetichización del poder y la muerte. En este momento sólo puedo conjeturar las razones por las cuales el PRI es ampliamente votado. Quizá la principal se deba a que la mayoría de los mexicanos saben tanto de historia y política como yo de astrofísica o energía nuclear. Los ciudadanos no tienen formación crítica suficiente, probablemente debido no sólo a la mala educación, sino también a las condiciones de vida particulares: ya no la pobreza, sino la miseria. Todo es muy complejo. Pero no le hagan caso a Haile. Él piensa que debe enseñarse filosofía desde la primaria. Ya saben, esa cosa que no le importa a nadie (no, no me refiero a la metafísica): pensar.  Enseñar antropología, pues México en un país plurinacional; enseñar historia crítica - ¿acaso Haile propone historiografía en nivel básico?- En fin, después de todo a Haile nadie le preguntó cuál era su proyecto pedagógico.  

     Haile lee Milenio porque uno de sus “pasatiempos” (¿qué es eso?) favoritos es enajenarse. En este diario de circulación nacional la crítica a los maestros de la CNTE es devastadora. Mientras tanto, en el diario La Jornada el apoyo a estos mismos maestros es total. ¡Tres hurras por la libertad de expresión! Extremos opuestos. En Milenio escriben plumas que Haile disfruta muchísimo. De Gil Gamés Haile dirá que es el más divertido de los intelectuales transgénicos. Es también un maravilloso divulgador de la literatura y la filosofía, además de inspirar el estilo de prosa que el lector está leyendo. De Luis Gonzales de Alba, Haile optimista dirá que disfrutó Los días y los años, pues casi no le aburrió. Es uno de sus articulistas favoritos, aunque Haile ha pensado varias veces que, de ocurrir otra vez algo parecido a aquel sufrido 2 de octubre del 68, Luis opinaría que los estudiantes son delincuentes o algo por el estilo[1]. Haile también disfruta las opiniones políticas de Ricardo Alemán. Siempre que tiene un mal día busca su ridícula columna para poder explotar en carcajadas y recuperar el ánimo. Por el otro lado, en La Jornada existe un articulista que no siempre pública, pero que disfruto muchísimo. El filósofo Enrique Dussel tiene una virtud que consiste –como buen filósofo, y él no es “cualquiera”- en hacerte pensar cuando lo está uno leyendo. Profesor universitario de prestigio internacional, tal vez su única desdicha como maestro sea darme clase.

     Preocupado porque en Oaxaca mueren personas –luego policías, maestros, o lo que sea- durante una manifestación, Haile volvió a leer la reforma educativa y de paso, otra vez, la Constitución.  En efecto, el susodicho piensa que la reforma no es educativa, sino a todas luces administrativa y laboral. Reforma educativa cuando Gabino Barreda introdujo el positivismo en México. Esta reforma no contiene proyecto pedagógico alguno, sino cambios en la manera de administrar los recursos y la relación con los maestros. El lector de otra nación con más suerte que la mexicana tal vez no lo sepa, pero en México antes de esta reforma laboral-administrativa (que por puro enamorados diremos que se llama “educativa”) los maestros administraban sus plazas como si fuesen propiedad privada (nótese mis cursivas en plural). Podían no sólo heredarlas, sino venderlas. Se entiende entonces que el control de la administración de los recursos de la educación era un gran negocio. Con la reforma, la administración de los recursos pasará de manos del sindicato (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación) o su disidencia (Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación) a instituciones autónomas. Así las cosas, también para poder ocupar una plaza como maestro será necesario concursar por ella. El lector de otro planeta no lo sabrá, pero en México en cuanto los estudiantes de las normales terminaban sus carreras tenían una plaza de maestro a su disposición, o en caso de estar todo taponeado (como en la academia universitaria) tenían que recurrir a comprar alguna o que algún familiar se las heredara. Haile considera que hasta ahora la reforma es saludable, ¿a poco no? -muletilla pagada por el PAN-. Luego viene una evaluación a los profesores. ¡Ah! Me encanta la falacia ad hominem: que mejor se evalúe Peña -por cierto, ¿alguien sabe cómo una universidad dio al señor presidente el grado de licenciatura sin leer y sin inglés? -; evaluación a los diputados y si no sirven los despedimos; que evalúen a Aurelio Nuño y Miguel Osorio, etcétera, etcétera, etcétera y recontra etcétera. Haile ignora cuál es el contenido de la evaluación, pero dicen los enterados que es homogénea. Ciertamente, es estúpido hacer una evaluación así. Pero no le hagan caso a Haile, él piensa que la diversidad es importante y que el estado debería ser plurinacional. O sea, está loco. 

     Como sea, con la evaluación a los maestros vienen otras cosas interesantes. Sin duda, algunas prestaciones laborales surgirán en detrimento de otras. Si obtienen resultados destacados en la evaluación se les darán incentivos económicos. Haile, sin embargo, conoce a un maestro cuya calificación en la evaluación fue destacada y hasta el último día que habló con él no había recibido un solo centavo, y ya habían pasado un par de meses desde su evaluación. Pero no le hagan caso, Haile inventó esto como elemento retórico en su discurso para persuadir con mayor facilidad al lector. De este modo, si reprueban la dichosa evaluación tres veces serán canalizados a “otras áreas”. Haile se preguntó qué diantres quiere decir “otras áreas” echando mano de la historia de la filosofía. Al parecer, de manera sutil, quiere decir deshacerse de ellos por incompetentes, inútiles, mendigos y arrastrados -como diría mi padre-. Los maestros tienen derecho a un empleo estable y ser evaluados tomando en cuenta su grado académico, experiencia y el contexto en el cual imparten cátedra. 

     Ahora voy a pasar a un tema espinoso. Haile no quiere escribir que los maestros en sus acciones de protesta se convirtieron en delincuentes. Naturalmente, pueden estar en desacuerdo con la reforma y protestar de un montón de maneras posibles y factibles. Es posible protestar haciendo paro de labores, claro, pero de ninguna manera es factible hacerlo durante años. Había profesores que cobraban sin dar clases. Lector, ¿te parece justo? Dada la enorme complejidad de los asuntos humanos, sería irresponsable decir que son los maestros quienes roban, bloquean, humillan, secuestran y quién sabe si hasta asesinan cuando hay una protesta a su nombre. Haile no quiere caer en el error de los intelectuales transgénicos que criminalizan la más mínima protesta magisterial, que son incapaces de ver la complejidad del problema. Oaxaca es una entidad con problemas particulares, con grupos que están en lucha desde hace muchísimos años. No podemos pensar Oaxaca desde la Ciudad de México o Monterrey. La dinámica en Oaxaca, Chiapas, Guerrero, etcétera es evidentemente distinta y difícil de abordar. Pero tampoco quiere caer en el extremo opuesto de que ellos son sólo victimas del mal gobierno. Digan todos que Haile se volvió loco, pero él piensa que el fin no justifica los medios. 

     Vergüenza les debería dar a los maestros si están luchando por recuperar sus privilegios corruptos. En fin. La lucha persigue un fin justo en la medida de que quieren estabilidad laboral y mejores salarios –ganan una miseria y trabajan en paupérrimas condiciones-, no en la medida que quieran recuperar antiguos privilegios corruptos. Es justa en la medida de que no quieren que se privatice la educación. Y ésta es ya la lucha de todo el pueblo. Como van las cosas, no tardan en privatizar el aire.

     En conclusión, Haile considera la lucha del magisterio legítima y justa, pero los medios que han utilizado hacen pensar a más de uno, también de manera legítima y justa, que son delincuentes. Haile insiste en la palabra complejidad porque es más difícil de lo que parece. Hará falta un ensayo amplio o hasta un libro para tratar de elucidar los acontecimientos no sólo en torno a la reforma laboral-administrativa –que de puro enamorados llamaremos “educativa”- del mal gobierno, sino en torno a los acontecimientos del sur del país. El buen lector sabe a qué me refiero. Aunque, en realidad, Haile insiste en la palabra complejidad para salirse por la tangente y no opinar desde la ignorancia (¿más?) sobre asuntos en los cuales nadie pidió su opinión. 

     En fin. 

hailecontubernio@gmail.com


[1] Léase sus opiniones sobre los estudiantes desaparecidos el 26 de septiembre del 2014 en Iguala, Guerrero.
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