5 de octubre de 2012

La angustia de Él





La noche era su parte favorita del día. Era una lastima que en aquella ciudad no existieran las estrellas. Él subió hasta el techo casi inconscientemente. El gato que estaba observando el tiempo desde una esquina se acercó a él y, frotando su cuerpo blanco y suave contra el pie de su amigo, mostró afecto. Él sacó de su abrigo una pipa. La encendió. Fumó. En silencio miraba el tiempo, la vida. Pensó el ser y la nada. Pensó la cultura y el lenguaje. Y sin embargo –otra vez- no logró pensar el principio y el final. Pensó la poesía de Borges y la infinitud del universo. Pensó en Marte y en los mitos griegos; pensó en Ariadna y Teseo. No queriendo recordó a Ariadna; el asombro absoluto, la locura, la carta: su creación. Inevitablemente recordó a Lizeth; el arte, el sexo, la imaginación. Él sintió el asombro recorrer su cuerpo. Se entristeció. Entonces recordó a Miriam.

-¿Qué te sucede, amigo? –preguntó el gato.

-¿Crees que sea estúpido de mi parte decir que, salvo por las emociones, no me siento humano?

-Claro que sí –dijo mirando el universo. El humano es un ser emocional.

-El humano es un ser simbólico, Amadeus –comenté.

-¿Qué vas a saber tú de lo humano? –dijo, y se fue corriendo.

     Él volvió a pensar en Miriam. No sabe qué siente hacia ella. Todo, quizá. Él, defensor de la libertad, pensó en algún momento que debería alejarse de ella. Nunca supo cómo comportarse con una mujer. Él simplemente es él. Quizá por ello Ariadna resultó imposible y Lizeth fantasioso.

     Las cosas existen según donde estén. Luego entonces las cosas suceden según el contexto. Él no cree en el destino, cree que el único destino es la muerte. Pero si hay algún otro destino, ése es para él, y es la soledad. “El hombre es el porvenir del hombre”, parece que le susurró Sartre desde no sé dónde. Él ha elegido ser lo que es, ya sea un pensador, un escritor, un solitario, un egoísta, un realista... Ellas no tienen la culpa. Si él se siente mal, si llora, si se desespera, es él y sólo él responsable de su miseria. Porque él es libre. Él no necesita del amor. La necesidad de amor es un mito. Sí, eso cree él.
     
      La perdida del orden es el origen de la angustia. ¿Es acaso lo que él siente angustia? De pronto, acompañado de un fuerte viento, sintió la necesidad de viajar. Salvo algunas excepciones no le interesan las grandes ciudades. Él quiere escalar montañas, adentrarse en gigantescos bosques, seguir los ríos y entrar en selvas, correr por la solitaria estepa y la fría nieve. Quiere ir al más allá: el universo.


     Escribió. Entonces, al menos para él, el fracaso fue evidente. La última vez que Amadeus lo vio fue mientras caía desde la parte más alta de la casa. Más tarde contaría que él parecía angustiado.


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1 comentario:

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