“Qué
hermosa es mi calle cuando la ciudad llora
y
la luna brillante, al fondo, la mira”, escribí hace unas horas.
El cielo negro sin estrellas y las densas
nubes parecen visibilizar los aspectos ocultos de mi calle, pues funde la luna
plateada, los grandes árboles, las casas, las banquetas y las escasas personas
en una asombrosa vista que enciende emociones. Mi cuerpo fue recorrido por esa
sensación exquisita que sólo siento cuando me asombro. ¿Qué sería de mi vida
-¡de la vida!- sin el asombro ante la belleza y lo desconocido?
Siempre he expresado mi admiración ante
los paisajes lluviosos que, lejos de parecerme tristes, me emocionan. La lluvia
y la noche, no obstante, tampoco son felicidad. Sino la perfecta combinación
para el encuentro con el amor, la imaginación, la ilusión y el sexo. Pocas son
las noches lluviosas que poseen este valor, pues al igual que el humano, la
lluvia y la noche no son algo per se, sino que dependen del observador. Aquí
muchos me podrán objetar mi apreciación subjetiva del valor. Pero los problemas
axiológicos no son pensados en el asombro. Durante el verdadero asombro no se
piensa, se siente. Siente el asombro, luego piensa el objeto del asombro.
Esta noche mi calle no es una fotografía o
un cuadro creado por los más altos dotes artísticos de la naturaleza. Esta noche
mi calle es una película donde maravillosos rayos violetas surcan los cielos,
tan efímeros y asombrosos, como un suspiro; donde pequeñas e infinitas gotas
crean el más hermoso sonido de la naturaleza; donde las nubes ocultan el
misterio del universo y la noche, como mi mejor amiga, aleja de mi vida a los
visitantes.
Esta noche es para mí. Esta noche me habla
con su voz que susurrando me emociona. Pues sin el asombro ante la belleza y lo
desconocido no tengo nada. Vivo porque me asombro, sin esa cualidad la vida
carecería de sentido y no valdría la pena vivirla. Ni siquiera la felicidad,
que ha sido considerada siempre como el sentido y objetivo en la vida por los
débiles, es equiparable al asombro. ¿Qué es la felicidad sin el asombro? Un
estado emocional incompleto. La verdadera
felicidad se logra a través del constante asombro. Y para la desgracia de la
mayoría, la capacidad de asombro la pierden tan silenciosamente que cuando se
dan cuenta es ya demasiado tarde. Por ello se excusan afirmando que el objetivo
en la vida es ser feliz hasta el final. ¡Pensar hasta el final, asombrarse
hasta el final! Mi vida consiste en asombrarme, la del resto en ser feliz.
Esta noche es digna de los
verdaderos artistas y más grandes genios. Qué desgraciado aquel que esté mirando
televisión o utilizando Facebook. Pues la noche ha llamado a dignos
espectadores que salen a sentirla: se bañan en ella, la besan, la admiran, le
escriben, le componen, la imaginan y piensan. Porque es belleza y es
desconocida, como el inconcebible universo.
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