Hernando estaba sentado tocando el banjo afuera de su casa, mirando
las estrellas haciendo música, y por entre las nubes de aquella noche había un objeto brillante con forma de esfera. Hernando la miró, era espectacular desde su posición, y sudando a chorros se
levantó y se dirigió a donde la esfera,
como si ésta le hubiese llamado. Sólo lleva puesto unos pantaloncillos, nadie
en ese pequeño municipio puede verlo, es como si viviera solo. La esfera
desapareció cayendo al bosque. Hernando al caminar por la basta flora se dio
cuenta que los árboles brillaban y desprendían luces blancas, como hojas de otoño, y el pasto era de un verde hermoso. Por entre dos grandes árboles, se escuchaba el sonido magnífico de una flauta, y un lago
hermoso azul metálico se alzó impactante.
Hernando sorprendido dio tres pasos hacia atrás, nunca antes había
visto ese lago tan brillante en toda su vida. El centro del agua se abrió, y de ahí subieron dos seres complejos. No tenían aspecto humano, ni siquiera
formado, se trataba de un extraño organismo rojo, delgado y sumamente alto que
parecía desvanecerse como si fuese humo.
Hernando boquiabierto miró fijamente a las figuras, y éstas cambiaron de
color. Ahora son transparentes, Hernando podía ver la continuación de bosque
por entre ellos, sólo que a las figuras, en su parte medía, había un misterioso
objeto azul del color del lago. El objeto comenzó a
brillar, y Hernando de primera impresión
lo familiarizó con un cerebro. Se desmayó. Cuando despertó estaba acostado en
su cama. Todo ha sido un sueño -pensó-.
De pronto, días después le comenzó a doler mucho la cabeza.
Intento ir con un doctor, pero al salir de casa cayó al suelo inconsciente.
Hernando fue encontrado poco tiempo después por un niño que juagaba con su
perro. Hernando despertó y el niño sólo lo miraba curioso. Charlaron y se
hicieron amigos. A menudo iba a visitar a Hernando y siempre lo encontraba
afuera de su casa tocando el banjo. El niño tomó apreció por él, tanto era así
que le contaba todo, Hernando por su parte hacia lo mismo, ya que siempre fue
un hombre muy solo y quería saber lo que era tener un verdadero amigo. No
obstante, Hernando jamás mencionaba lo que le había pasado, y cuando el niño
pregunto acerca de su desmayó, Hernando decía tampoco saber.
Un día, cuando el niño fue a visitar a Hernando de noche, no encontró a nadie en la cabaña. Husmeo
por los oscuros alrededores y no más nada. Se resignó un poco triste y
preocupado por su amigo, hasta que un ruido llamó su atención. Un hombre se
aproximaba a la casa. El niño se ocultó detrás de un árbol, y luego pudo verlo.
Se trataba de Hernando. Qué estaría haciendo Hernando de noche –se preguntaba
el niño- . Entonces salió a su encuentro. Hernando se asustó un poco, se recostó
en el pasto y miró las estrellas, tratando de volver a encontrar la esfera
brillante. El niño le preguntó por qué estaba en el bosque tan noche.
Hernando se vio obligado, más por necesidad de contarle a alguien
lo que le había pasado que por presión al ser descubierto, a platicar con el
niño sobre lo ocurrido aquella noche. El niño escuchaba cada palabra de
Hernando con mucha atención, fascinado, los ojos le brillaban, y cuando
Hernando terminó la historia, el niño lo abrazó y le dijo que fueran a buscar
el famoso lago. Sin embargo, Hernando optimista le dijo que había estado yendo
todas las noches sin éxito, seguía el mismo camino de esa noche y nada, ni los
árboles brillantes, ni el lago azul metálico, ni los extraños seres que salieron
del agua.
La siguiente noche el niño y Hernando salieron en búsqueda del
lago. Siguieron exactamente el camino que Hernando dice haber recorrido, pero
no llegaban a ninguna parte. Anduvieron horas caminando, tenían hambre y sed.
Pararon a descansar a unos troncos que estaban por ahí, cuando el niño se dio
cuenta de algo terrible. No sabía dónde estaban, Hernando también se percató de
eso. Se levantaron y exploraron la zona, con la esperanza de poder salir del
bosque o que por lo menos se hiciera de día, pero únicamente la luz de luna los
cubría. El niño comenzó a llorar, Hernando a desesperar, y se abrazaron como
los mejores amigos en un reencuentro. Entonces, cuando el niño abrió sus ojos
aún cubiertos de lágrimas, éstos se encontraron de frente con un paisaje
hermoso. Los árboles brillaban y desprendían como hojas de otoño pequeñas
esferas luminosas, el pasto verde natural, el cielo blanco y movedizo como
agua, y la maravillosa sinfonía de una flauta. Hernando también se dio cuenta
al ver que el niño dejo de llorar, y que no lo abrazaba más. Lo soltó para gritar: ¡Sí,
aquí estamos!
Tomados de la mano caminaron felices, tranquilos, en paz.
Habían olvidado que estaban perdidos y que no existía forma de regresar. Contemplando la belleza del
bosque, llegaron a donde parecía provenir la música de la flauta. Y por entre
dos árboles, un magnífico lago azul metálico se alzó impactante. Hernando se
tiró al suelo a sollozar, el niño sólo miraba, pues creía soñar.
Ambos se acercaron al gran lago, un caballo blanco con una
linda cola café tomaba agua, las pequeñas esferas luminosas estaban por
doquier, y el sonido bello de la flauta, que parecía venir del cielo, estaba
ahora poblando su piel. Se miraron mutuamente, sonrieron y luego se quitaron la
ropa paran entrar al lago a jugar. Sin embargo, antes de que se quitasen sus
zapatos, el centro del lago comenzó a moverse, las pequeñas luces brillantes
comenzaron a correr y a agruparse. Del
centro del lago salió un organismo completamente extraño para ellos, además
parecía desvanecerse como si fuese humo. Hernando reconoció de inmediato la
escena, tomó de la mano al niño y lo abrazó fuerte. El extraño ser del lago
cambió de color, ahora es transparente, y en su centro hay un complejo objeto.
Éste parecía moverse, es de color azul metálico, y de pronto se hizo más
brillante. Hernando y el niño pensaron que era un cerebro.
El organismo subió hasta el blanco cielo, de pronto al
desvanecerse sólo quedo el cerebro, que brillo hasta hacer explosión. Hernando
y el niño cayeron al suelo. Al despertar se encontraron de frente con una
escena apocalíptica: toda la vida del bosque estaba muerta, del cielo negro
caían bolas de fuego, la sinfonía de la flauta se convirtió en la del infierno,
los arboles negros y un calor enfermo. El centro de un pedazo de tierra se
abrió, de él salió una enorme esfera brillante que, luego de absorber a las
pequeñas luces ahora negras, subió muy rápido hacia el universo.
Hernando y el niño caminaron días, hasta que cayeron en la
idea de que eran los últimos. El niño murió de hambre. Hernando, luego de llorarle,
se lamentó haber querido perseguir su “sueño”. Murió días después, cuando
acostado a un lado del niño, el planeta se hizo diminuto, tanto que si se movía
un poco caería al infinito. Cerró los ojos, entonces, para nunca jamás volver a
abrirlos.
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